La Pernía, montana palentina

 

 

Felicidad Gaitón

Una mujer a quien es una delicia leer a pesar de que a los 5 años ya acompañaba a su abuelo con los corderos, pues como no podía correr le mandaba a ella. Vivió de todo pero recuerda que "la vida era muy dura antes y después de la guerra".

Alimentación

Esta es la composición de la alimentación durante mi niñez y juventud.
En el desayuno, sopa de ajo, patatas, torreznos, tortilla, huevos o morcilla (en tiempo de matanza).
A las 10 yo comía pan con queso y jamón (si lo había).

Para comer, la mayoría de los días del año, se comía cocido, compuesto por sopa de cocido, legumbres, titos (los días de fiesta fundamentalmente), garbanzos, carne, tocino, cecina, algo de chorizo, morcilla y huesos de espinazo de cerdo (entonces se llamaban piqués).

A la merienda lo mismo que a las días, chorizo, queso o jamón con pan.
La cena se componía de patatas o legumbres y alguna vez pescado (cuando llegaba al pueblo algunas veces).

Indumentaria.

La indumentaria masculina era prácticamente la misma que ahora, aunque a ella se unía la capa y los calzones. La fememina se componía por el corpiño, la falda media de lana negra y un escarpín en invierno, que abrigaba más. Cuando se iba a misa a la indumentaria del hombre se añadía a veces un tapabocas o una pelliza y zapatillas, la mujer chal o mantón, media de algodón y un par, por supuesto, de albarcas (no faltaban a nadie).

Canciones

En Cervera planté un ramo
en Redondo floreció,
en el pueblo de Tremaya
tengo los amores yo.

A la puerta de mi casa
tres lindas flores planté,
un clavel, una violeta
y un "jamás te olvidaré".

Por el puente de Tremaya
por debajo pasa el agua,
por arriba las mocitas
que bajan de Balsemana.

De Cervera para arriba
lo moreno es lo que vale,
lo colorado desluce
lo blanco lo lleva el aire.

Aquí me pongo a cantar
con alegría y sin miedo,
el que no tiene delito
no le llevan prisionero.

Refranes.

-Hasta que no se muere un rey, no coronan a otro.
-Marzo ásperio y abril lluvioso sacan a Mayo florido y hermoso.
-Dime con quien andas y te diré quien eres.
-La que mal lava y mal amasa, la semana pasa.
-Ay de la que mal casa y tarde enviuda¡.
-Por San Antón la gallina pon.
-Hijo eres, padre serás, de las que hicieres, encontrarás.

-No hay mal ni bien que cien años dure ni mal que nunca acabe.
-La mujer y la gallina, casina.
-Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
-Cuantos días pasen de enero, pierde de ajos el ajero.
-Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.
-En la mesa y en el juego se conoce al caballero.
-El que regala bien vende y el que recibe lo entiende.
-Cuando Marzo mayea, Mayo marcea.

Fiestas

La Asunción: se reunían las familias allegadas o las amistades de otros pueblos. Se mataba una oveja y se hacía paella, guisado o asado; de postre, arroz con leche o natillas.

El mes de Octubre era muy bonito. El primer domingo venían casi todos los del pueblo de Los LLazos, se hacía el rosario en la tarde con la virgen, en procesion por las calles del pueblo. El segundo domingo era al revés, los habitantes de Tremaya íbamos a los Llazos. El tercer domingo era como el primero y el cuarto como el segundo. Por la tarde los hombres jugaban a los bolos y la juventud hacía baile. Eran como dos pueblos en familia.

El día 5 de Enero los niños y niñas iban por todas las casas a pedir el aguinaldo y nos daban higos, castañas, manzanas, caramelos, galletas, rosquillas y a veces algo de dinero.

La víspera del 6 de Enero, al oscurecer, los mozos se reunían y salían a pedir el aguinaldo con tambor, pandereta...la primera casa era la del sacerdote (cuando había en el pueblo), después la casa del alcalde, y así por el resto de las casas. En todas se cantaba la canción de: "Esta noche son los reyes......." excepto en aquellas que alguién hubiera muerto ese año, y en lugar de la canción se rezaba un padrenuestro, un avemaría y un gloria. Después buscaban una casa ("la posada" como se llamaba) y con los aguinaldos cenaban la noche de Reyes. Era costumbre darles chorizos, piqués (huesos de espinazo), tocino, garbanzos y algo de dinero (para que compraran el vino).

Primero se cenaba, cada uno en su casa, después se iba al baile (mozos y mozas) hasta las once o las doce y luego las mozas volvíamos a casa y los mozos a la posada y se sobrecenaba.

Antes del baile las mozas llevaban una manzana al puchero de los mozos y si podían un tarugo (por lo que tenían que estar atentos)

Cuando subían a las casa a pedir comían dulces, vino o nueces y en algunas casas les cogimos las albarcas del portal y tenían que andar por la nieve o el barro (propio del tiempo). Esto te lo cuento de palabra para que vieras lo malas que éramos.

Esta es la canción de la noche de los Reyes:

Esta noche son los Reyes
segunda fiesta del año
cuantas damas y galanes
al Rey piden aguinaldo,
yo se lo vengo a pedir
a este caballero honrado,
y no me lo negará
si yo los Reyes le canto.

Del oriente en verso salen
tres Reyes con alegría,
van guiados de una estrella
que alumbra de noche y día.
Esa estrella no es errante
ni tampoco pensativa
es el ángel que ha anunciado
alos pastores la dicha.

Del nacimiento glorioso
de aquel divino Mesías
caminan los tres gustosos,
y llegando a Palestina
la estrella se retiró
pues Dios así lo quería.

Ya llegaron a Belén
donde la estrella les guía,
vieron al recién nacido
y a su madre María,
le escondía entre sus brazos
y estas palabras decía:

"Para qué viniste hijo
a este mundo pecador,
para ser crucificado

del que nunca fue barón.
Subirás hijo a los cielos
el día de la Ascensión,
hallarás tres sillas de oro
sentarás en la mejor.
La mejor es la del medio
que lo dijo el Redentor
nos lo dijo un angelito
que de los cielos bajó".

Buenas noches, buenos Reyes
buenas entraditas de año
los señores de esta casa
que nos den buen aguinaldo.

En los Carnavales se disfrazaban con caretas y se vestían los zamarrones. Las niñas, por la mañana, tocan las cencerras por el pueblo. La comida era mejor que otros días.

En Marzo eran las"Marzas".Los mozos iban por las casas donde les daban huevos y chorizos, hacían tortillas porque la noche del 28 de Febrero cenaban juntos y repicaban las campanas celebrando la entrada de la primavera.

En Semana Santa eran dáis de ir a la Iglesia a las 10. Al "gloria" se volteaban las campanas y no se volvían a tocar hasta el viernes a la misma hora, cuando el sacerdote decía "gloria". En aquella época el día fuerte era el jueves. Todo el día se estaba en la Iglesia, se salía sólo un poco pero no se iba a casa.

El "día de los Santos" se tocaba a muerto y las mujeres mayores se vestían de negro. Desde el miércoles de Ceniza hasta el Viernes Santo se hacía abstinencia todos los días inclusive el Miércoles y el Viernes.

Cuando un mozo tenía novia en otro pueblo, el novio daba, el día de la segunda amonestación, dinero para el resto con lo cual los mozos compraban una cántara de vino.

Un día cualquiera de invierno.

El hombre, al comenzar el día, se dedicaba a cebar o darles la comida y sacar el estiercol de los animales, mientras las mujeres preparaban la comida y limpiaban la casa.

Al mediodía se daba el agua a los animales, si no había nieve se les llevaba al río, si no se les daba agua de los pozos. Por la tarde la mujer hilaba, cosía o hacía punto con la lana de las ovejas, que era lo que más se utilizaba en las vestiduras de las personas, mientras que el hombre hacía cestas, rastros o arados u otros utensilios de labranza.

Al recogerse por la noche, se rezaba el rosario y el domingo se jugaba a las cartas con los padres y hermanos y se hacían las tareas de la escuela.

Juegos

Los niños juegaban a la zardadora, al pite, las perras, las cartas o el parchís. Las niñas a la comba, las piedrsa, el truque, el carro, el pañuelo, el parchís y la baraja (de más mayores).

La casa

Al lado de la casa estaba la hornera para hacer el pan. Lo primero se amasaba (mezclar la masa con agua y harina), después se encendía el horno para cocer el pan, que terminaba de hacerse cuando estaba a punto. El horno tenía una capacidad proporcionalmente a la capacidad del horno o el tamaño de los panes que duraban en casa quince o veinte días.

La fragua era para arreglar las herramientas del campo.

El puente de Tremaya lo hizo un tal Don Francisco con la escuela y el cementerio. Este hombre era del pueblo, se fue a América e hizo fortuna y al volver mandó construirlo sin cobrar nada. El año exacto no me acuerdo peroestará en la lápida del puente o el cementerio.

Escuela

De la escuela tengo muy buenos recuerdos. Siempre hubo muy buenas maestras, sobre todo una que estuvo durante la guerra, se llamaba Raimunda Merino González, natural de Aviñante de la Peña, Palencia. Se casó estando en Tremaya. Era muy católica. Al entrar en la escuela decíamos esta oración:

"Ilumina Señor nuestro entendimiento y mueve nuestra voluntad para que estando con el debido respeto aprendamos las cosas que nos enseñan para nuestro provecho espiritual y temporal. Os lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor". Amén. Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

A la salida: "Os damos gracias Señor para que las cosas que hemos aprendido nos sirvan para nuestro provecho espiritual y temporal lo que os pedimos por Jesucristo Nuestro Señor". Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Al terminar la guerra se hizo una fiesta grande cuando volvió la cruz a la escuela. Los niños mayores de X años, entre ellos tu madre y mi hermano, dijeron unas poesías muy bonitas.

Los domingos nos reuníamos en la puerta de la escuela con la maestra y de camino a la Iglesia se cantaba esta canción: "La cruz en la escuela ya vuelve a reinar, de allí los impíos la hicieron quitar, oh qué fecunda la luz de la divina cruz".

Cada domingo llevaba uno la cruz y durante la misa nos disponíamos en dos filas.

De que se marchó no supe nada de ella y el día del entierro de mi padre fué a visitarnos a casa.

Otro maestro fue Juan Manuel González (de este supo Máxima que está en Palencia). Otro era de Amusco (Palencia), se llamaba Cruz Ramos Boda. De todos ellos tengo buenos recuerdos.

En cuanto a sacerdotes el primero que conocí se llamaba Don Adrián, el segundo Don Valentín y el tercero Don Juán con el que hice la primera comunión; es tío de un sacerdote, no recuerdo si es Don Ramón, el que ejerce ahora. Le ví hace 3 o 4 años cuando visitaba el pueblo con su sobrino.

Don Abundió bautizó a Nino, Don Angel a Ramón y Don Julio y el que me casó era de Vasadornil (Palencia) bautizó a Begoña.

Para la primera comunión preparaba el sacerdote y los maestros. Se hacía a los 7 u 8 años, pero no se hacía fiesta. El bautismo se hacía a la salida de la misa normal. La madrina tiraba caramelos y los padrinos, cuando yo era niña, tiraban una perra gorada de diez céntimos. Más tarde se hacía una comida con la familia donde eran típicas las torrijas.

Desde Octava hasta Mayo se iba a la Rosario todas las noches a la Iglesia y en invierno se rezaba en casa. Octubre era el mes del Rosario, Noviembre el de las ánimas, Diciembre adviento y Enero, aunque no había celebración especial en la Iglesia, se hacía en casa. En Febrero, Marzo y Abril, según cuando cayera la cuaresma, se iba a la Iglesia. Mayo era dedicado a la Virgen, se cortaban las flores y los niños llevaban un ramo a la virgen (casa una)

 

Bodas

La vispera en la noche la juventud cantaba la enhorabuena a la novia, hacían un arco de hiedra y le ponían a la puerta o a la entrada de la casa. Por la mañana antes de la misa, la juventud iba a cantar hasta la Iglesia. Al salir les acompañaban hasta la casa de la novia. A la hora de la comida se iban a cantar a los invitados y todos daban dinero. Con este dinero se hacía después una cena o comida o una chocolatada según la cantidad de dinero que hubiera.

Cada boda duraba unos días; antes, para preparar los cantores y después para gastar lo que te daban.

Al sacerdote se le invitaba el día de la boda, pero no solían ir. cobraban por casar, enterrar y bautizar. Cuando se hacía la leña se le traía al sacerdote lo necesario para el año y el día de Reyes invitaba a todos los vecinos a jugar las cartas y les daba la merienda y vino.

Sobre el pueblo no sé mucho. Siempre conocí 14 vecinos. Luego vinieron tres más hasta que se empezaron a marchar. YO fue la antepenultima, y al marcharme quedaban 8.


En la primavera se arreglaban los prados y las tierras, en verano recoger las cosechas (en Julio, la hierba antiguamente segada con guadaña, con el rastro se reunía y con la orca se subía al carro).

Siembra

En los huertos se sembraba repollo, lechuga, cebollas y ajos. En las fincas, las patatas se sembraban en Abril y Mayo, y se recogían en Octubre.

El trigo tremesino se sembraba en Abril y se recogía en Agosto (fechas aproximadas dependiendo del tiempo). La tierra se preparaba y abonaba así como ararla hasta dos o tres veces hasta que estuviera bien para echar la simiente.

Los hombres que trabajaban en la mina lo hacían de lunes a viernes desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde en que se dedicaban a las faenas del campo.

En tiempo de recolección la mujer trabajaba pero en invierno el hombre era quien daba la comida a los animales.

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La patata, cuando se sacaba, se separaba en tres grupos: grande (para consumo de las personas), mediana (consumo o plantarlas) y pequeñas (para los animales).

Las huebras se hacían para arreglar caminos, hacer la hoja, la leña, segar la huerta del toro y arreglarla el pajar. Era obligación de una persona competente. Para hacer la hoja y la leña se echaba a suertes.

El cerdo se mataba en Noviembre y se le dejaba entero dos o tres días; después se partían los jamones, se echaban en sal para curarles. El lomo se echaba en adobe y cuando estaba a medio curar se metía en aceite para conservarlo más tiempo. Para los chorizos se picaba la carne, se echaba sal, pimienta, pimentón, ajo y orégano, se amasaba y se dejaba 3 0 4 días y se embutían. Cuando los chorizos y el lomo estaban un poquito curados (15 o 20 dáis) se deshacía en una caldera la grasa del cerdo y se echaba lomo, chorizo, ajos, cebollas, manzanas....


Campo de lirones

Flora: flor de malva, lirones, campanillas, té, orégano, roble, haya, amostajos, amargoso, chopo, acebo, sauce, avellano, espino y saúgo.

Frutos: ayucos, amaillas, avellanas, amosgajas, calabrojos, moras, arráspanos


Acebo

Fauna: vaca para la labranza (eran del país, no como las de ahora que son más para la leche y la reproducción. Las gallinas eran para tener huevos para casa y los sobrantes se vendían al público. Cuando se ponían cluecas se las ponía con aglunos huevos para renovar el gallinero dependiendo del número, algunas tenían hasta 12 pollitos. La oveja criaba generalmente en febrero, se esquilaban en mayo o junio dependiendo del calor. Primero se lavaba la lana, luego se cardaba, se hacían los copos y se hilaba (en invierno); también se hacían mantas, sayal (del que se hacían los calzones para el hombre), calcetines, jersey.

Como se hacía la morcilla con la sangre del animal se mezclaba pan, cebolla y la grasa del mismo animal, se salpimentaba. Bien lavada la tripa se llenaba con esa mezcla y se cocía.

Los cerdos se criaban en casa o se compraban en las ferias y se les tenía un año cuidándoles hasta el tiempo de matarles. Del cerdo se aprovechaba todo.

Nombres de vacas: Valenciana, Liebre, Chata, Compuesta, Preciosa, Linda, Airosa, Tasuga...etc.

Clases de animales: milano, cuervo, graja, aguilucho, arendajo, gorrión, golondrina, ruiseñor, tordo, lagartija, lagarto, víbora, sapo, rana, salamandra, lobo, garduña, ardilla, mostolilla, raposo, jabalí...

 

Emigración: del 65 al 75 las familias comenzaron a emigrar debido a que la juventud no tenía otra cosaque trabajar en el campo o la mina. Además quitaron la escuela a los niños. Al quedarse los matrimonios sólos, la mayoría decidió ir con los hijos. Fue una decisión muy difícil, nos costó mucho tomar esta decisión. La vida allí era muy triste. Dejar la tierra en la que nacimos, de la que tenemos buenos y malos recuerdos es difícil y nos costaría vover a vivir allí, aunque tampoco se puede decir "de este agua no beberé", pero si no fuera por alguna catástrofe (una guerra o algo por estilo)...

 

Qué mas se puede decir de las marzas y tan elegantemente como lo hace Antonio Montesino?

Las Marzas: identidad, sociabilidad
y androcentrismo en el ritual marcero
Antonio Montesino González *


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LA ETIMOLOGÍA

El año 1910 aparece por vez primera la palabra marza, en un diccionario de la lengua española, que daba dos acepciones de la misma:
a) copla que en la Nochebuena, en el Año Nuevo y en la de los Santos Reyes, van cantando por las casas de las aldeas, por lo común en la corralada, unos cuantos mozos solteros.
b) obsequio de manteca, morcilla, etc., que se da en cada casa a los marzantes para cantar o para rezar.

Posteriormente, en el año 1925, el Diccionario de la Lengua Española, definía las marzas de la siguiente manera: “marzas (de marzo), f. pl. Coplas que los mozos santanderinos van cantando de noche por las casas de las aldeas, en alabanza de la primavera, de los dueños de la casa, etc. Obsequio de manteca, morcilla. Etc., que se da en cada casa a los marzantes".

EL TIEMPO DE LAS MARZAS

El tiempo o más exactamente los tiempos de celebración de esta modalidad de canto petitorio, a pesar del carácter restrictivo que a este respecto se observa en la anterior definición, son: los mesa de diciembre (noche de Navidad y Nochebuena); enero (Año Nuevo y Reyes); febrero (la última noche); y marzo (el primer día o viernes del mes).

La última noche de febrero y la primera de marzo, son las dos fechas que definen las marzas en su sentido restringido. Aunque también se practican modalidades estructuralmente semejantes a este tipo de canto (que incluso reciben, en algunos casos, la denominación de marzas), en otras fechas de] año como sucede en carnaval (el martes); la Cuaresma (los domingos después del toque de oración); la Pascua de Resurrección (Sábado de Gloria o Domingo de Resurrección); el primer o tercer día de mayo (existe una analogía entre algunos cantos de las marzas de Soba, junta de Voto y las cancioncillas dedicadas a la maya niña); y, en junio, los días de San Juan y San Pedro.

EL ESPACIO FESTIVO

Dentro de los núcleos poblacionales en los que se organizaban las marzas, el ámbito espacial intracomunitario de presencia y recorrido de los marzantes, durante las acciones de petición, estaba conformado por los portales y estragales de las casas y también los corrales o corraladas (en algunas casas era frecuente que la cuadrilla de marzantes penetrara hasta la cocina), las calles de las aldeas y los diversos barrios de la comunidad, si ésta era polinuclear. Igualmente, existían grupos itinerantes que deambulaban por las diferentes aldeas de un mismo valle, de distintos valles, incluso, por valles de otras provincias, cuando los vecinos de las localidades consentían su presencia, Las comidas, meriendas y cenas de marzas, se desarrollaban en espacios interiores de una casa del vecindario, en algún local del concejo o en el comedor de la taberna.

DIVISIÓN TIPOLÓGICA DE LAS MARZAS

Al hacer una división tipológica de las marzas, en la que se sistematicen sus diferentes variables, ya que en cada valle y aun en cada pueblo tienen las marzas distintos modos, títulos, melodías y letras, encontramos, en una primera instancia, las marzas con ramasqueros o zarramasqueros (personajes disfrazados y, en ocasiones, enmascarados), de las que son un ejemplo las del valle de Soba y las marzas ordinarias (sin elementos disfrazados), que son la casi totalidad. Una segunda instancia, abarcaría la totalidad del fenómeno marcero, estructurado con arreglo a tres ejes fundamentales:
a) el tiempo de celebración: Pascuas de Navidad, Pascuas de Año Nuevo y de Reyes, marzas marceras (última noche de febrero y primeros días de marzo), marzas de Cuaresma y Pascuas de Resurrección:
b) su conformación: marzas cortas, si sólo se cantan las coplas marceras y marzas largas si se añaden los Mandamientos, las Obras de Misericordia o los Sacramentos de Amor, cuando se canta en la casa del cura, si los vecinos han sido espléndidos o si hay una moza en edad de casarse, a la que se pretende elogiar o cortejar:
c) el contenido de las copias respecto al vecino destinatario: galanas o floridas, si responden a un recibimiento hospitalario y solidario y rutonas de ruimbraga o de ruinvieja, si pretenden satirizar y censurar la tacañería, el engaño y la actitud insolidaria con la que, en algunas casas, se solía acoger la presencia de los rnarzantes.

LOS GRUPOS PORTADORES DEL RITUAL

Los grupos festivos estaban compuestos por varones, ya que 1a ley y la costumbre de las marzas no consienten más que a mozos solteros", por ser este "un derecho indiscutido de todo mozo soltero" (a excepción de las Pascuas de Resurrección, en las que suelen intervenir cuadrillas mixtas de mozos y mozas). Estos grupos que constituyen el principal soporte organizativo y estructural de las marzas, están formados por cuadrillas o comparsas que reciben los nombres de marzantes, marceros o pasqueros (cuando salen por Pascua). A veces estas cuadrillas de marceros, si los mozos tenían conflicto entre ellos y no salían a rondar, eran sustituidas por comparsas de hombres casados.

Internamente la cuadrilla de marzantes se encontraba conformada por el presidente, mozo viejo, regidor, caporal o amo (mozo soltero de más edad), que tenía la máxima autoridad dentro del grupo; los quintos del año; un conjunto homogéneo de varios mozos de edades similares, de un mismo ámbito intracomunitario e igual estatus social; y aquel o aquellos jóvenes que ese año entraban a mozos y marceaban por vez primera, una vez cumplidos los quince o dieciséis años, una vez pagada la patente, la cuota o los derechos: pago en metálico o en cántaras de vino, que daba al novicio el derecho a marcear y poder echarse novia, a partir de entonces. Todos los mozos se encontraban unidos por su identidad sexual, vínculos de amistad y parentesco, proximidad espacial de residencia, igualdad social y moral.

Los nuevos mozos eran presentados por el mozo viejo y debían superar una serie de pruebas rituales que la ronda les exigía, entre otras, el "examen de virilidad que, en la noche de marzas, habían de rendir los mozos entrantes ante la comunidad de solteros". En función de estos ritos de paso a los novicios se les asignaba un papel dentro de la cuadrilla: cargar con la cesta de pedir las marzas, llevar el farol, realizar los hurtos rituales de verduras y hortalizas en las huertas del vecindario, limpiar la mesa de la comida de marzas, etc.

El mozo viejo era el encargado de coordinar y distribuir las funciones de los miembros de la cuadrilla de marzantes, armonizar sus voces durante los ensayos, pedir las marzas delante de las puertas de las casas del vecindario y, una vez formados los corros de ronda, solicitar la licencia o el permiso para cantarlas o, en su caso, para rezar a las ánimas.

En el interior de la cuadrilla se organizan, con arreglo a las facultades cantoras de los miembros, uno o dos coros de mozos, debidamente seleccionados según las características de sus voces. Los menos dotados para el canto serán los encargados de cumplir las tareas de farolero (también solían iluminarse con velas), que actuaba de guía luminosa del grupo en la oscuridad de la noche, de cestero, bolsero, torrendero o torreznero, o ayudante del amo, encargado de llevar una cesta, un burro con alforjas, un cuévano u otro recipiente en el que se van depositando los productos que donaba el vecindario.

El dao, las dádivas o limosnas que se entregaban en metálico, solían ser custodiadas por el tesorero, el cajero o el mozo viejo que hacía también las veces de bolsero, así denominado por la bolsa ("el cepo") en la que metía el dinero (en algunas cuadrillas esta función la desempeñaba otro de los mozos mayores) y que, una vez finalizadas las marzas, rendía cuentas, ante el colectivo, de los dineros obtenidos, al igual que el cestero debía recontar en público los alimentos recaudados y llevarlos a la taberna o a la casa, donde se organizaba la comida, Algunas rondas de marzantes, según los lugares y el tiempo, empleaban instrumentos musicales (aunque la costumbre más generalizada ha sido cantar las marzas sin acompañamiento instrumental), tales como: panderetas, carracas, pitos y acordeón, en las marzas de Navidad, Año Nuevo y Reyes, berronas o berras, bígaros y campanos, como sucedía en las marzas rutonas.

Ciertas villas urbanas, como sucedía en Reinosa, poseían cuadrillas de marzantes organizadas con arreglo al estatus económico y social de sus miembros correspondientes. Duque Merino recoge uno de estos casos: "los marceros solían reunirse por barrios y por condiciones o diferencias sociales en la villa, sin que nadie hubiera hecho clasificación expresa ni se hallase en ordenanzas; las comparsas de cada barrio eran dos: una de señoritos (fuitos, que decían los otros), que pedía en las casas donde hubiera doncellas de vestido largo y mantilla de moco, y la otra de los mozos de chaqueta, que no dejaba de llamara ninguna puerta que guardase moza de aparejo redondo. Ordinariamente aquellas comparsas no se estorban una a otra; cada una seguía su derrotero y cantaba o rezaba a su parroquia".

LAS ACCIONES FESTIVAS

La primera acción ritual de las cuadrillas de marzantes era solicitar permiso: comunicar oralmente al alcalde, al cura y al maestro del lugar la celebración de las marzas. Una vez obtenida la licencia de los representación cívico-religiosa de la comunidad, el grupo recorría al anochecer las calles del pueblo, visitando todas las casas del vecindario sin distinción de estatus social. La salida de la cuadrilla solía efectuarse de la Casa Concejo, del corral de algún marcero o del pórtico de la iglesia.

Encabezados por el mozo soltero más viejo y acompañados del farolero y el cestero con su cesta de pedir las marzas, los marzantes abrían la ronda dejándose oír, mediante una algarabía de voces y relinchos (ijujús) o por medio del rezo de un Padre Nuestro o la Salve (cuando se partía de la iglesia). De este modo, anunciaban a la comunidad el inicio de la ronda y la alertaban, para que nadie se fuese a la cama antes de tiempo, del peregrinaje de los marceros por las puertas de sus casas. Al llegar el grupo a la puerta o al corral de un vecino, se detenía y el mozo viejo anunciaba la presencia de la cuadrilla con el saludo "a la paz de Dios. señores" o invocando el nombre de la persona principal de la casa: quien, a su vez, desde el interior del hogar, preguntaba: ¿quién llama?" o "¿quién va?", a lo que el caporal respondía: ”los marzantes!" o "¿dan marzas?". Cuando el dueño abría la puerta (esta función la desempeñaba el varón cabeza de familia o en su ausencia la mujer de la casa"), el responsable de la cuadrilla preguntaba: "¿cantamos, rezamos o nos vamos?”.

"El marcero zalagardón o ‘mozo viejo’ de los que componian la ronda hacía la relación de los que le acompañaban, señalando los motivos de ausencia de los que comparecían habitualmente (cumplimiento del servicio militar, enfermedad, muerte ... ), y a continuación (si había habido algún difunto durante el año) rezaban por él así como por las obligaciones de la casa".

Según la situación particular (le la familia, que por regla general conocían los mozos, se cantaba, se rezaba o se iban. Si en la casa había un enfermo grave, luto reciente o un dolor familiar (en casas con moribundos no se pedían marzas) y sus miembros así lo pedían (la petición de rezo recaía sobre el ama de la casa), la cuadrilla de mozos, debidamente descubiertos, con las cabezas inclinadas y arrodillados, dentro del más absoluto de los respetos y formalismos, decían: "por las obligaciones de vivos y muertos en esta casa" y rezaban un Padre Nuestro o un Ave María por el alma del difunto. Si el dueño (le la casa pedía que cantaran, al tiempo que les ofrecía un trago de vino (a veces con galletas), la comparsa cantaba las marzas en presencia de todo el grupo familiar existente, con arreglo a los cánones de la tradición; unas veces, completas otras, de manera fragmentaria. Y si había una moza casadera o un especial sentido de la hospitalidad, se cantaban las marzas largas, añadiendo al final los Sacramentos de Amor o los Mandamientos, a fin de prolongar la estancia con la moza. Algunos vecinos transigían mejor con dar la choriza, que no con aguantar la serenata a voces solas, y les entregaban la dádiva relevándoles del cántico". En determinadas zonas de la región, como ocurría en ciertos valles del Sur, los marceros entregaban, a cada mujer, un huso para que hilaran durante ese año. Este utensilio se hacía de una vara de acebo, con uno de los extremos en tres puntas.

A cambio de sus cantos, los marzantes recibían el dao, las dádivas o la limosna; es decir, un conjunto de donativos, en especie o en metálico, que la familia de la casa daba a los mozos. Estas donaciones consistían en productos comestibles o dinero que, en el caso del "real de la pandereta", respondía a la tradicional obligación que cada casa, con moza casadera, debía cumplir, entregando a los mozos "el real de la pandereta", para adquirir o conservar su derecho a que le colocaran el ramo de San Juan y la sacaran a bailar en la fiesta patronal o en las romerías de la comarca.

Una vez recogidos los obsequios por el cestero o torrendero que los aceptaba con expresiones como: "que las ánimas lo reciban", éste hacía una primera inspección acerca de la calidad, a que a veces les engañaban dándoles huevos podridos, chorizo, tocino en mal estado 0 morcillas llenas de ceniza. La cuadrilla se despedía ofreciendo sus servicios: "que con salud nos den las marzas muchos años y saben donde nos tienen cuando nos necesiten", y exteriorizando su agradecimiento, a base de vivas al vecino donante, cuyo nombre se citaba: "¡Qué viva don Fulano y toda su familia con salud y por muchos años!", con expresiones como: "Aquí nos han dao, buen dao, ¡vivaa!'. ¡vivaaaaa!" o "tío... y tía.... ¡buen dado, buen dado, buen dado!".

Si el dao era escaso, en proporción con la riqueza socialmente considerada de la casa, los productos entregados estaban en malas condiciones o trucados (algunos vecinos, por diferentes razones, entregaban morcillas rellenas de ceniza, denominadas "panzorras", pan duro, huevos ponones de nidos y castañas carrias, es decir ruines, arrugadas y podridas), o sencillamente se rechazaba, sin motivo, la presencia de los mozos rondadores, Estos respondían, a lo que consideraban un agravio, cantando las marzas rutonas, a través de las cuales se parodiaba y se escarnecía a todos los "miembros de la casa o a alguno en particular, dándoles una cencerrada, con los campanos que para este uso solían llevar.

El tiempo de marzas era el momento del año seleccionado por la Sociedad de Mozos, para admitir oficialmente a nuevos miembros en su comunidad de solteros. Para ello, los que entraban ese año a mozos debían cumplir una serie de requisitos como eran: pagar una cantidad de dinero, a la que se denominaba la patente, para la adquisición de vino; aceptar las funciones que les señalaba el mozo viejo, en razón a las facultades de cada uno. Los más dotados para la canción se integraban al coro como cantores, los menos dotados, cumplían tareas de farolero u otras por regla general de tipo auxiliar; algunas de un gran esfuerzo: llevar durante la ronda el cesto en el que se recogían las dádivas, conseguir leña y picarla para atizar la lumbre en la que se cocinaban las marzas, etc.

Los nuevos miembros de la cuadrilla eran presentados por el mozo viejo a todos los vecinos del pueblo, señalando sus méritos y designándoles por sus respectivos nombres y apodos.

LAS PELEAS EN LA RAYA DEL PUEBLO

Si dentro de una misma comunidad, existían varias cuadrillas de marzantes, éstas se disputaban el vecindario, estableciendo una rivalidad que iba desde solicitar primero el permiso al alcalde, al cura y al maestro, hasta ganarse la adhesión de los vecinos cantando mejor, sin olvidar la disputa del propio espacio comunitario, lo que podía llegar a generar violencias y reyertas intestinas entre diversos sectores del mocerío local. A veces, estas diferencias se mitigaban mediante el establecimiento de una división consensuada del territorio en el que cada uno debía pedir las marzas; llegando a darse el caso de que, en una casa situada en la frontera entre dos barrios de un mismo pueblo con dos puertas: una, que daba al barrio de arriba y otra, al de abajo, cada año pedía una cuadrilla.

Cuando la cuadrilla de un pueblo pretendía introducirse en otro, con el propósito de pedir marzas, teniendo éste su propio grupo de marzantes o sin previo consentimiento de éstos, se solían producir frecuentes conflictos violentos entre ambas formaciones de mozos, generalmente en zonas limítrofes denominadas “la raya", donde a veces se juntaban las comparsas, al igual que durante el carnaval-antruido, para proferirse insultos y desafíos recíprocos: "si las diversas partidas se encuentran, se dicen: '¿Paz o guerra?' Si alguna vez contestan 'guerra', se pegan palos y se roban las cosas". Estos encuentros violentos, que también podían producirse en las tabernas, acababan en fuertes peleas a pedradas, palos y puñetazos, que causaban no pocos heridos tal y como nos relata Duque y Merino: "pero a veces, por un quítame allá esas pajas, que espontáneamente surgía en cualquier encuentro, o buscado a propósito si de atrás venía el pique, solía entablarse reyerta entre unos y otros marceros, se peleaba a puñetazo limpio casi siempre, cuando más a palo seco, y tras una refriega de no muy graves consecuencias, solía acontecer que el grupo triunfante se apoderaba, como botín de la victoria, de la cesta en que los vencidos llevaban lo que habían sacado de marzas". También existían cuadrillas marceras itinerantes, que recorrían distintas aldeas de un mismo valle, intercambiándose y siendo bien recibidas por los respectivos vecindarios.

EL RECUENTO DE EL DAO, LA COMIDA DE LAS MARZAS Y EL BAILE

Otra fase de las marzas consistía en un primer recuento que hacía el mozo viejo o el bolsero, en presencia de la totalidad de la cuadrilla de mozos, del dinero y de los distintos productos alimenticios, con los cuales iban a preparar la comida de las marzas o "parranda". En algunas zonas, una parte del dinero (los seis cuartos) se reservaba para la compra de las velas del Santísimo, que eran llevadas por los mozos, previamente sorteados entre los de la cuadrilla de marzantes, en la procesión del jueves de Semana Santa en honor al Santísimo.

Las sobremarzas: comida, merienda o cena festiva. se celebraban "el domingo de comer las marzas" o domingo siguiente al día en que se pedían. A la cena, que, según el lugar, convocaban a toque de campana, estaban invitados los niños del pueblo y las mozas; o más exactamente, aquellas mozas en cuyas casas se había cumplido" con los marzantes. En algunas aldeas acudían como invitados, el alcalde, el maestro, el cura, y “los mozos que se hayan casado desde las últimas marzas en adelante”; en ciertos pueblos, también asistía "un matrimonio de respeto”. Para la ocasión se encargaban, dependiendo del número de asistentes, uno o varios corderos; de manera que a nadie le faltara un buen trozo de carne en su plato.

Finalizada la comida, el mozo viejo depositario del dinero, hacía un último recuento público del mismo. rindiendo cuentas, colocándolo encima de la mesa. Se calculaban los gastos habidos y, una vez separada la limosna para la iglesia, se establecía la diferencia entre lo recaudado y lo gastado. Si existía déficit, se completaba mediante la aportación igualitaria de los marceros, y si sobraba, pasaba a engrosar las arcas de la Sociedad de Mozos, para su empleo en otras ocasiones.

A continuación se organizaba el baile en un sitio adecuado para ello (portal grande, colgadizo o corralada). En él, intervenía la mocedad del pueblo y algún forastero que, por hallarse en el lugar, hubiera sido invitado a la fiesta. El baile solía amenizarse con panderetas y otros instrumentos improvisados como los utensilios domésticos.

LA TRADICIÓN CAMBIANTE

Duque y Merino, en las postrimerías del pasado siglo, se refería a las marzas como una costumbre en decadencia y nos relata que, durante las marzas de 1892, cuando se retiraba a su casa en compañía de un amigo, "una comparsa de mozuelos adolescentes, poco más que niños, nos detuvo pidiéndonos marzas. Todavía nos las pidieron con toda la cortesía de antaño: gorra en mano, palabras discretas, e invocando la cualidad de ser mozos del pueblo. Supongo que siguiendo añejas costumbres, aquellos mozalbetes no dejarían de recorrer buena parte de la villa, sino toda ella (...) Pero es lo cierto que yo, ni en mi casa ni en la ajena, oí ya el cántico de las marzas, que pocos años atrás se oía, ni he vuelto a tropezar otros marceros en las calles, ni vi aquel año, que los mismos que me despertaron el recuerdo de otros días, llevasen la indispensable cesta de pedir las marzas.

Todavía no hace mucho tiempo, las marzas no se pedían más que en las casas, -a nadie se le interrumpía en la calle-; los marceros recorrían, una por una, aquéllas que de antemano se habían propuesto recorrer, llamando a todas las puertas".

La última Guerra Civil marca, de algún modo, una importante inflexión en la cronología de la decadencia de la tradicional costumbre de marcear en las aldeas rurales de Cantabria. El año 1957, en una entradilla que se hizo a la reedición en la prensa del trabajo de Duque y Merino, el autor anónimo de la misma se refería a las marzas, que por esos años se cantaban en Reinosa, en los siguientes términos: "En Reinosa ha evolucionado y hasta pudiéramos decir, en algunos casos, que ha degenerado: no existe razón alguna para que las tonadas de Marzas se acompañen de pito y tambor, instrumentos tan ajenos a la ronda como una orquesta sinfónica; ni que se canten otras canciones que no sean las propias de rondar en Campoo, como se da a veces la circunstancia de que algunos marceros de la ciudad hacen caso omiso de la tradicional tonada de Marzas y llevan un repertorio exótico, muy propio para el lucimiento de la voces y para demostrar la buena preparación del conjunto (...). Por lo que respecta a este año, además de las consabidas rondas de la noche del 28, que van extremando su corrección gracias a la oportuna intervención de nuestro Ayuntamiento, el Casino nos obsequió con una fiesta de Marzas de la noche del 3 de marzo, en la que intervino el ochote 'Ecos del Ebro' que interpretó las 'Marzas' y los 'Sacramentos', según una partitura arreglada para varias voces por el maestro Guerrero (...). O sea que las típicas y tradicionales marzas han entrado ya en su fase de pieza de museo".

A MODO DE CONCLUSIÓN

Las marzas (al igual que las mascaradas invernales) representan un hecho cultural complejo, que transciende, con mucho, la desafortunada definición de la costumbre de pedir", como suelen etiquetarla algunos folcloristas de mirada simple y reduccionista. Constituyen una parte relevante del folclore masculino, que posee un peculiar lenguaje simbólico, de carácter polisémico, engarzado en el sistema económico y socio-cultural del que formaban parte: sociedades de "solidaridad mecánica", sometidas a lo que en otro lugar he denominado la lógica social del complejo doméstico-comunitario", dentro del cual adquieren su preciso significado.

Las marzas, observada desde la antropología social, aparecen como una práctica histórica de carácter institucional, a través de la cual las Sociedades de Mozos:

- Se cohesionaban internamente como grupo de edad.

- Se abastecían de nuevos miembros, efectuando ritos de iniciación a la pubertad.

- Renovaban periódicamente, por medio del comensalismo y otras demostraciones festivas, las tramas de sociabilidad e identidad de sus agregados varoniles, de las unidades intervecinales y del conjunto comunitario.

- Reproducían sus roles de dominación masculina.

- Reforzaban, con sus rituales petitorios, el sistema de ayudas y prestaciones mutuas.

- Rememoraban la presencia de los antepasados muertos en la memoria colectiva.

- Actuaban como instrumento de integración y de control social en el cumplimiento de los valores e ideales de la comunidad.

En resumen, mediante las marzas el segmento social de la mocedad varonil y el conjunto de las comunidades que periódicamente las organizaban, producían y reproducían, de un modo recurrente, las categorizaciones compartidas sobre la masculinidad (maneras de ser social y sexualmente de los hombres); evidenciando, de este modo, la subordinación real y simbólica de las mujeres y el papel subalterno que éstas ocupaban (y ocupan) en el contexto de una sociedad civil en la que los valores, las normas y los modelos eran (y son) a priori masculinos.

Valiéndose de estos rituales (y de otros tipológica y funcionalmente semejantes), los subgrupos masculinos de la mocedad desarrollaban sus estrategias, diferenciales y diferenciadoras. de jerarquización social, de sociabilidad e identidad sexual, grupal. comunitaria o supracomunitaria, poniendo de manifiesto sus mecanismos de construcción social del espacio, los géneros, las edades, el sistema productivo y el universo simbólico-ideacional de las gentes que conformaban los modelos comunitaristas de la sociedad tradicional.

En definitiva, estas ceremonias cíclicas reflejaban, en el plano de la fiesta, la desigual distribución del poder existente en la vida cotidiana entre los sexos y los demás grupos de estatus. así como los múltiples sometimientos, sujeciones y obligaciones que tenían lugar dentro del cuerpo social de las comunidades tradicionales.


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(*) MONTESINO GONZÁLEZ, Antonio: Antropólogo y autor del libro Las Marzas: Rituales de identidad y sociabilidad masculinas. Editorial Límite, 1992

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