La Pernía, montana palentina

LA VENGANZA DEL CONDE.

 

En una elevada peña, situada junto a Tremaya;
en el valle de Pernía, que el claro Pisuerga baña;

Desafianzo a las nubes, a que en altura se iguala;
el fuerte castillo estuvo do el conde Munío habitaba.

Ya quedan pocas señales en el sitio que ocupara;
pero fue en remotos tiempos fortaleza inexpugnada.

Con sus muros y sus torres por almenas coronadas,
seguro asilo ofrecía al señor dela comarca.

Que de tan notable altura sus dominios divisaba,
viendo sus pueblos dispersos entre cerros y montañas.

Los Llazos miraba al frente junto al peñasco Tremaya,
y allí cerca los tres barrios de Redondo contemplaba:

En medio Santa María, San Juan a la bajerada,
y por cima San Martín, que después se despoblara.

Más lejos Lores veía, do la nobleza habitaba,
y una humilde casa en Vegas, camino de Sierras Albas.

Areños y Camasobres cerca de allí se encontraban
y hacia el norte Piedras Luengas, sólo de hidalgos morada.

Más al sur San Salvador, y a su inmediación Lebanza;
el campo al lado, y no lejos de Santiago la explanada;

donde se alzaba el santuario del viejo patrón de España,
primero que hubo en Pernía, después de reconquistada.

A otro lado Polentinos donde la vista no alcanza,
y Vañes y Villanueva hacia la parte más baja.

Carracedo más arriba, que entonces poblado estaba,
y hoy sólo y yermo se ve en poder de gente extraña.

A la espalda del castillo verdes montañas se alzaban
situadas en noble tierra, que de Pernía es hermana.

Era la Castillería, cuna de gentes honradas,
que más tarde el fuero altivo de Sepúlveda alcanzaba.

Libre este valle vivía, sin yugo que le pesara,
pues según la historia cuenta a sus señores nombraba.

Mas hubo tiempo también, en que su cerviz doblara,
sometiéndose al dominio de personas encumbradas.

Y tal había sucedido en la edad afortunada,
en que aquel ilustre conde estos valles gobernara.

Tranquilos en sus contornos varios pueblos encerraba,
con San Felices en medio, y allá en el norte Celada.

De otra parte Roblecedo, que sin gente se quedara,
y cerca de él Herreruela, y más lejos Estalaya.

Y escondido al occidente, en situación muy galana,
al pie de enhiesto collado también Verdeña se hallaba.

A estos y otros varios pueblos de las próximas comarcas,
se extendió en mejores días la merindad perniana,

comprendiendo en su recinto a la villa cerverana,
con Pineda, San Martín, y la Pisuerga inmediata,

y parte del monte Vinnio, a cuyos pies fue fundada
por Munio Núñez y Argilo la villa de Brannia y Ossaria;

allí donde los guerreros de la heroica y fiel Cantabria
contra Roma pelearon en defensa de su patria;

tiñendo con noble sangre la corriente de las aguas
del Rubagón, que en el día por entre el carbón resbalan.

Conviene agregar por fin que ella en conjunto lindaba
con Poblaciones, Campoo, Santullán y sus montañas;
con el Alfoz de Aguilar, la Ojeda y la tierra de Alba,
con Castrejón y la Peña y la Liébana o Libania.

II

Conocido así el terreno, donde el suceso pasara,
es tiempo ya de contarle, según la historia le narra.

Hace de esto muchos años, como que entonces finaba
la existencia del Condado, cuya cabeza fue Amaya,

pasando a Sancho el Mayor de la casa de Navarra,
y después al gran Fernando, que el regio manto alcanzara,

y el cual compartió su trono con la reina Doña Sancha,
por quien León se vio unido a la tierra castellana,

después que murió Bermudo, último especial monarca,
de aquella ilustre corona que tanto ensanchó a la patria.

El Cid Campeador entonces su ilustre vida empezaba,
preparándose a llenar los campos con sus azañas.

Todo esto aquí referido, para fijar nuestra marcha,
en la primera mitad del siglo onceno pasaba.

Ocurrió pues, que en Pernía famoso conde mandaba,
por sus hechos conocido en toda la noble España.

Llamábase Munio Gómez, aunque en Bustio le trocara
la tradición desde antiguo por el pueblo conservada.

Hijo fue de Gómez Díaz, noble conde de Saldaña,
nieto de Diego Muñiz, que igual condado gozara.

Su madre fue Mumadona, hija bella y apreciada,
del conde Fernán González el que a Castilla encumbrara.

Su bisabuelo paterno fue don Munio de Saldaña,
y por parte de su madre su ilustre línea enntroncaba.

Con el gran Nuño Rasura, aquel que en época aciaga
fue uno de los buenos jueces de Castilla soberana.

Estaba soltero el conde y aunque ya lo reclamaban
su edad y su noble alcurnia, en casarse no pensaba.

Hasta que vio una doncella joven, apuesta y gallarda,
nacida en tierra leonesa, de ilustre y regia prosapia,

hija de Doña Adosinda, rica señora asturiana,
y de Favila Fernández famosos por sus hazañas,

que hasta hizo cara a Almanzor, cuando con pasión insana,
aquel feroz musulmán por nuestras tierras entraba.

Esta niña candorosa fue, pues ocasión y causa
de que el conde Munio Gómez todos sus planes cambiara.

Prendose de su hermosura y de sus virtudes raras,
y hacia el año mil y veinte en matrimonio se enlazan,

sin que sirviera de obstáculo la diferencia marcada
de edad que entre ellos había, cuando su unión celebraran,

pues nacida el año mil ella unos veinte contaba,
y el conde, a mi parecer, esos años triplicaba.

III

Era Munio caballero de fuerte brío y pujanza,
de varoniles arranques y una conducta sin tacha.

Religioso y justiciero, a su patria idolatraba,
y más de una vez los moros huyeron ante su lanza,

cuando con fieles vasallos nacidos de sus montañas,
fue a combatir por su ley, siguiendo la enseña santa,

en unión de sus hermanos Garcí Gómez de Saldaña,
y Velasco y Sancho, condes que en edad le aventajaban.

Con las fieras de sus bosques en tiempo de paz lidiaba,
sin medio a los jabalíes, ni a los osos ni a sus garras,

cazando además tasugos, lobos, raposas taimadas,
gatos monteses, mustelas, garduñas, turones, martas,

con los corzos y rebecos y ciervos de grandes astas,
liebres esquilos y erizos, y nutrias de anfibia raza,

perdices y codornices y palomas irisadas,
faisanes, aves de presa, y otras varias alimañas.

Y Doña Elvira Fagilaz, que así la esposa se llama,
era dechado perfecto de las mujeres cristianas,

de esbelto talle, ojos negros, gracioso andar, tez muy blanca,
de regular estatura y una belleza extremada.

Afable con sus criados con sus vasallos muy llana,
caritativa y humilde a los pobres consolaba.

En su castillo vivían; felices se contemplaban
los dos esposos unidos en vida ejemplar y santa.

Descendiendo algunas veces, por la espina paseaban,
sus dominios recorrían, y al castillo regresaban.

Desde allí toda Pernía con la vista registraban,
y en ver sus montes y valles sin cesar se recreaban.

Vieron alzarse las nubes del pozo de Curavacas,
vieron asomar la niebla de allende la Peña Labra,

saludando con respeto la cruz que entonces se alzaba
en el cerro del Ulago, entre el Campino y la Cuarca.

Vieron pastar los ganados en las laderas cercanas,
desde Valmián a Hordejón, del Hayedo a las Estradas.

De Peñas Negras arriba nada oculto a sus miradas
pudo quedar, pues dominan cerros, vegas y hondonadas.

Mirando a sus pies del río veían las dulces aguas,
que en continua corriente desde el Coble caminaban,

surgiendo allí al aire libre después de ir aprisionadas
bajo tierra desde el Hoyo, que Saldelafuente llaman,

no lejos del Cobarrés, do el Rey Casto se albergara,
cuando perseguido huía de los intrusos monarcas.

Añosos Robles contemplan y sierras muy elevadas,
que de nieve en el otoño pronto se ven coronadas,

siendo notable entre todas, el pico de las Tres Aguas,
que vierte al Mediterráneo y al mar de Atlante y Cantabria,

y además Valdecebollas, que los geodestas enlazan
con el pico de Espigüete y con la Peña de Amaya.

También risueñas praderas, do límpidas fuentes manan,
aperciben de su altura junto a tierras cultivadas.

La vida pasan dichosos, aliviando las desgracias,
y haciendo bien a sus gentes, que a los dos les idolatran.

En medio de esta su dicha sólo una cosa les falta
que es tener algún hijo, en quien ambos se adoraran.

 

IV

Pero el destino fatal, que envidioso les miraba,
quiso acabar su ventura de los celos con el arma.

El conde Munio hasta entonces en su esposa confiaba
conociendo su cariño y fidelidad probada,

hasta que las apariencias malamente interpretadas,
y también bajas intrigas que tramó gente villana,

del conde en el pecho encienden pasión feroz y bastarda,
que a su amor sustituyendo le inspiró sed de venganza.

Y no obstante las virtudes de su esposa siempre honrada,
su obcecación le condujo a cometer una infamia,

contribuyendo tal vez a este fin la circunstancia
de diferencia de edades, anteriormente expresada.

 

 


Mal informado creyó que del deber olvidada,
A desórdenes impuros Doña Elvira se entregaba.

Primero duda cruel apoderose del alma,
después, furioso, a la ira en su corazón dio entrada.

Y aunque a veces su conciencia ¡Es inocente¡ gritaba,
estos gritos no escuchó su razón extraviada.

Así que, a pesar de todo, y sin pararse a observarla,
con extraña ligereza juzgó a su esposa manchada,

y convirtiendo en furor el amor que atesoraba
de su imaginaria afrenta quiso vengarse con saña.

Escogio tremenda noche, en que en tempestad estalla,
En que la luna se oculta, y el ronco viento silbaba.

Cubierto se hallaba el suelo de una reciente nevada,
que fue por el triste invierno cuando estos hechos pasaran.

Era intensísimo el frío, y sin parar torbelada,
grandes hielos peligrosos, por doquier se observaban.

A la media noche el conde su venganza preparaba,
cuando todos recogidos en el castillo ya estaban.

No le detiene el rigor de aquella estación tirana,
ni el viento que airado sopla, calma su frente abrasada.

Dispone una mula ciega, vieja, coja y también falsa,
sobre ella pone a su esposa y del castillo la lanza.

Dala por guía y apoyo sorda y muda una criada,
y hace marchar a la mula descendiendo la montaña.

Por camino inaccesible hasta a rebecas y cabras,
por sitios donde siquiera ni las mismas fieras andan,

por riscos do sólo posa en ocasiones el águila
que tiene altiva su nido en la Peña de las Grajas,

por do jamás anduvieron de hombre atrevido las plantas,
ni las hierbas despuntaron nunca las ovejas mansas.

Por allí cruel el conde a la mula encaminara,
con el fin de que su esposa sucumbiese despeñada,

y cayendo sus despojos del Pisuerga entre las aguas,
ya nunca más aparecieran restos de la infortunada.


V

Mas ¡Oh prodigio¡ Dios vela por Doña Elvira la santa,
que nunca Dios abandona al que en peligro se halla.

La esposa del conde Munio inocente y pura estaba,
por lo cual la Providencia había resuelto salvarla.

Y entre los mil precipicios que la mula atravesara
hasta descender al llano desde la peña empinada,

ni una sola vez tropieza, y por la parte más agria,
desde el peñasco hasta el río baja con su doble carga,

dejando allí para muestra del suceso que pasara,
en varios puntos visible, la señal de sus pisadas.

Durante el peligro, humilde Doña Elvira resignada,
con fervor se encomendó a Dios y a la Virgen Santa.

Viéndose a salvo después lo primero fue dar gracias
al Rey de cielos y tierras, que su ayuda le prestara.

Luego marchó valle abajo siguiendo el curso del agua,
y al llegar a un pueblecito, que junto al río se alzaba,

al atravesar un puente que al pueblecito guiaba,
empieza a dar grandes voces la sorda y muda criada,

alabando a Dios eterno y proclamando muy alta
la injusticia de su amo, la inocencia de su ama.

Esto ocurrió ante las gentes, que a su paso se agolparan,
al tiempo que el sol radiante por los cerros asomaba,

y por esta causa el pueblo, donde la muda cantara,
y que hasta allí se decía San Salvador de Tremaya,

en Cantamuda trocó el nombre que antes llevaba,
y así sigue, aunque en el día lo adultere la ignorancia.

En tanto el conde en su altura frenético paseaba
sin poder estarse quieto ni recogerse a su estancia.

Desesperado intentó clavarse su propia espada,
para acabar con la vida, los sufrimientos del alma;

mas le contuvo algún ángel, para que no se matara
con el fin de que después arrepentido llorara.

Allí de pies y sin sosiego llegó a sorprenderle el alba,
mirando si entre las peñas algún bulto divisaba.

Crueles remordimientos cual fantasmas le acosaban,
al tiempo que en Cantamuda en triunfo su esposa entraba,

y que el pueblo reconociendo el milagro que se obrara,
en su querida condesa un ángel puro mirara.

Al saber el conde Munio tales prodigios, el alma
se le conmueve y se postra de Jesucristo a las plantas.

Luego parte como un rayo a do está su esposa honrada,
y llega impaciente a ella, osando apenas mirarla.

Pide perdón muy humilde a Dios y a su Elvira amada,
y contrito y pesaroso vierte lágrimas amargas.

Mas la noble Doña Elvira no desoye sus palabras,
y le acoge cariñosa y le perdona sus faltas.

VI

Entonces arrepentido una iglesia el conde labra,
para que reciba culto la Virgen Inmaculada,

aprovechando al efecto la existencia bien probada
de un santuario muy antiguo, media legua de Lebanza.

Fue esta una ilustre Abadía de monte y peñas cercada
con jurisdicción exenta, coto propio y buena casa,

la cual en el siglo XII otro conde mejorara,
señor de grandes estados que en Polentinos moraba,

llamado Rodrigo Gustios, quien después de sus campañas
victoriosas contra el moro, al fin allí se enterrara,

lo mismo que su mujer y un hijo que le quedaba
de tres que tuvo, y murió cuando aquel siglo expiraba.

Conservóse en la Abadía la regular observancia,
por muchos años, más hoy, se encuentra ya muy cambiada,

pues, aunque mil privilegios nuestros reyes la otorgaran,
de la destrucción moderna nada ha bastado a salvarla.

Carlos III a su costa cuidó de reedificarla,
mas se interrumpió su culto desde la atroz francesada.

Y luego cual cosa vil, pasando a manos extrañas
se vendió aquel lugar santo, do la Virgen se adoraba,

y sus imágenes todas, viéndose tan solitarias
procuraron refugiarse en las parroquias cercanas,

quedando allí únicamente las tres tumbas veneradas,
que profanadas se han visto por la codicia insensata.

Otra iglesia la condesa en Cantamuda fundara,
dedicada al Salvador que en sus penas la amparara,

y la cual para recuerdo de la ocurrencia pasada,
mira con su tripe ábside a la peña de Tremaya.

Pura y sublime es la fe, su arquitectura románica,
que subsiste todavía, pero muy estropeada.

Glorias tuvo y mereció distinciones señaladas,
de pródigos la otorgaron obispos, reyes y papas,

contando entre sus pastores, para que más la ilustrara,
al infante don Felipe, hijo del santo monarca,

que al propio tiempo obtenía la dignidad elevada
del arzobispo de Sevilla por su padre conquistada.

Aún este templo se ostenta luciendo su antigua fábrica,
aún se conserva la iglesia pero ya no es colegiata,

que viéndose decadente, pobre y casi abandonada,
suprimióla el Concordato aunque de hecho ya lo estaba.

Allí descansan los restos de Doña Elvira la santa,
mientras los del conde Munio no se sabe donde paran.

También se conserva el puente do cantara la criada,
y allí está firme y soberbio para perpetua enseñanza.

Cantamuda alcanzó fueros y libertades muy amplias,
que se les dio la condesa siendo de edad avanzada.

Llegó a convertirse en villa, y estuvo un tiempo en bonanza,
y el obispo de Palencia, don Luis Cabeza de Vaca.

En el siglo XVI construyó el rollo de su plaza,
como señal de que allí justicia se administraba,

Y no contento con eso, la dio por siempre sus armas,
tomadas de su apellido, que en el rollo están grabadas.

Porque ya de tiempo atrás la Pernía disfrutaban
los prelados palentinos, que en su condado alcanzaran.

También por aquel entonces fundó para más honrarla
el hospital que en la villa de la Concepción llamaban,

el buen Diego Colmenares, que en la colegiata estaba
de canónigo; mas hoy no queda de su obra nada.

Continuó así Cantamuda viviendo bajo la guarda,
del noble alcalde ordinario que el Diocesano nombraba,

y cuya jurisdicción a Casavegas llegaba,
quedando también Areños subordinado a su vara.

Otros tiempos más contrarios han venido a perturbarla
en su adelanto y por eso perdió toda su importancia.

Además que los franceses, con fría y salvaje calma,
durante gloriosa lucha prendieron fuego a las casas,

y aunque después los vecinos procuraron restaurarlas,
hay algunas todavía por el suelo derrumbadas.

.............................

Esta es la veraz historia de Doña Elvira la santa,
que con el conde su esposo muchos pueblos gobernara.

Su recuerdo se conserva entre las verdes montañas
de la Pernía, y en la noble Castillería su hermana,

y en los montes y en las peñas, y del Pisuerga en las aguas
todavía se oye el eco que sus virtudes ensalza.

Yo a los pernianos cuento esta tradición sagrada,
que recogí siendo niño de los labios de una anciana.

Que no la olviden quisiera, que a sus hijos la enseñaran,
y que la moral que encierra en sus pechos inculcaran,

para que jamás olviden los hijos de estas montañas
que en su humildad y pobreza grandes tradiciones guardan,

y para que confiados en protección sobrehumana
sepan morir si es preciso por su Dios y por su patria.

 

LA VENGANZA DEL CONDE (Colaboración de "Amostajo" en este foro): http://boards2.melodysoft.com/app?ID=jluis&msg=1116 el 30 de octubre del 2006).

El comentarista es Pedro Hidalgo Redondo.
- ¿Cual vale más en este poema? ¿La historia? ¿La leyenda? ¿La descripción geográfica? ¿Lo castizo en la expresión?
Todo esto forma una madeja tan primorosamente,devanada, que sin destrenzarla adivinamos todos los matices Barrio y Mier nos dice que este romance es el canto de una tradición perniana del siglo XI. Cierto. Tradición; pero conservada en olor de historia.
Un castillo en un peñasco cántabro; una fortaleza inexpugnable; aunque no para los señores rivales, que el Conde Munio no los tuvo en Pernía; ni para la morisma, porque ésta, apenas se percató de la catadura de los cántabros pernianos, alzó el hopo, no 'sin dejar parte de él entre las garras de los indígenas. El castillo de Tremaya fué edificado en la altura no como fortaleza de asilo, ni como baluarte del miedo, sino como observatorio. Barrio y Mier nos lo dice: «que desde tan noble altura — sus dominios divisaba — ». A partir de esta última estrofa, la primera parte del poema rezuma por todos sus versos amor al paisaje. El autor se convierte aquí en aquel bonísimo cura de Tablanca y va nombrando aldeas y pueblos puestos en su verdadero sitio y con un fragmento de Historia por blasón.
La segunda parte tiene el rancio sabor de un tratado de Historia nobiliaria. La Reina de D.' Sancha de Navarra, El Cid, el Conde Fernán González salen allí a gustosa colación romancesca.
En la tercera parte nos describe la figura del Conde Munio y de su esposa, protagonistas del cuento, pero al hacerlo, el paisaje se apodera nuevamente del alma del escritor y no queda monte, valle, río, ventisquero, oso, corzo, águila, ni bicho vivo libre de intervenir a su debido tiempo.
No tenemos fundamentos de juicio para creer que Barrio y Mier intentara imitar a Pereda, pero sí podemos afirmar que las almas de estos dos montañeses eran gemelas, aunque la envoltura de cada una se diferenciara en la costra, y que, al fin tradicionalistas, cristianos del verdadero Cristo, del Cristo-Jesús de la Sinagoga, del Cedrón y del camino de Emaús, ambos amantes del paisaje y tan identificados con él que parecían brotados espontáneamente de algún risco, habían de tener paralelos, y así vemos que tanto el novelista como el pensador, en cuanto se proponen contarnos algo, tropiezan con un hidalgo en el cual vinculan hechos, y con algunos lugareños que viven ligados al Señor por los lazos del cariño, más que por los del látigo o por el dogal de la miseria.
No es de extrañar que en la cuarta parte del romance, cuando el Conde arde en celos, no halle Barrio y Mier ni un montañés de quien hacer, para doña Elvira un apasionado galán, motivo de aquellos extravagantes celos y nos muestre la atormentada conciencia del magnate gritando; «es inocente».
La descripción de aquella noche de montes y valles nevados, marchando la bella dama a lomos de una mula vieja, ciega, coja y falsa, guiada por una fámula muda, en un desfiladero donde ni las fieras andan, es algo que conmueve.

Cualquiera otro que Barrio y Mier, al empezar este pasaje hubiese ensartado una ristra de oraciones, y al terminarlas pintaría a Dñª Elvira dándola un soponcio y pidiendo clemencia al Conde; pero D. Matías pone sólo un poco de resignación, la encomienda a Dios ya la Virgen con la más ingenua sencillez, y al sacarla sana del precipio, suelta un gracias al Rey de los Cielos, y nada más; y eso que, para mayor favor divino, la muda salió - «del trance con habla».


Y al llegar aquí el episodio ¿qué mejor ocasión buscáis para que el bardo introdujese el galán fantaseoso con su espadón al cinto, pusiera en el lance no sc cuantas arrobas de aquel honor de la Edad Media, tan jaleado y tan caro de guardar, retase a D. Munio en un duelo a muerte, cuyo desenlace, fuese al fin, revestido de caballerosas y cristianas protestas, alzarse con la dama? ¿No encajaba aquí la tumultuosa protesta del pueblo de San Salvador de Tremaya (que desde aquel momento se ha de llamar de Cantamuda) para emanciparse del dominio del señor feudal?.


¡Claro que no! Barrio y Mier era sencillo como un santo y no gustaba de espadas, cañones -ni látigo, con los cuales soldados bárbaros vengan supuestos honores ultrajados. Dios es padre de todos y ha puesto en el alma de cada uno la tendencia a la armonía entre las acciones y los principios morales, y una repulsión al desacuerdo entre éstos y aquéllas, o más claro, cada hombre lleva dentro de sí su propio juez; por esto, en vez de vengadores, allá está solo el Conde, empujado de un lado a otro «sin poder» estarse quieto «ni recogerte a su estancia» es decir, zarandeado por su propia conciencia; y ved que no se mata por que algún ángel le detiene para que se arrepienta. Contrito aparece luego cuando corre «como un rayo» a postrarse a los pies de su inocente Elvira, quien perdona cariñosa.
Notemos que aquí no hay apariciones de vírgenes a pastores analfabetos, simples y buenos. Barrio y Mier es de la casta de los hombres sencillos; Sí, pero es sabio y no milagrero. El Conde fundó una iglesia dedicada a la Virgen Inmaculada, no a la del Monte o a la de la Fuente como hubiera hecho una dama histérica.


Pero tras la fundación, hecho real, nos enristra el gran perniano una gran porción de datos históricos sobre la Abadía de Levanza, Polentinos, la Colegiata y la Villa de San Salvador.
Termina el romance con un epílogo, al final del cual, quiere el autor que los pernianos inculquen a sus hijos la moral que encierra esta tradición.


Yo no sé si las gentes que viven en estas aldeas montañesas sabrán distinguir la moral y la belleza contenidas en «La Venganza del Conde», pero afirmo que no han perdido las virtudes que más campean en la leyenda. Austeridad, sencillez, hospitalidad, amor al hombre, amor a Dios y a la Patria. Seguimos siendo rústicos, pero prudentes, justos, fuertes y bien templados. El Espíritu de D. Matías nos informa.

Espero que os guste.

Saludos

 

Don Rodrigo Gustioz, magnate palentino del siglo XII
José M° Canal Sánchez-Pagín y
F. Roberto Gordaliza Aparicio

En nuestra palentina abadía de Lebanza, algunos años seminario diocesano y desde antiguo bajo la mitra palentina, existían en la construcción
románica original dos capiteles de excelente factura artística. En uno de ellos se lee traducido "Hizo este arco Rodrigo Gustioz, varón muy bueno, caballero,
orad por él ".

Este caballero Rodrigo Gustioz aparece también citado en las leyendas populares de La Pernía. Quién fuera este personaje, también conocido con el
nombre de D. Bustio, a qué familia perteneció y quiénes fueron sus posibles descendientes son los temas objeto de este breve artículo.

La leyenda de la venganza del conde
En el valle de los Redondos y en S. Salvador de Cantamuda se sitúa esta leyenda medieval. Su génesis es conocida: Matías Barrio y Mier la publicó
en el año 1908 versificada en forma de romance, aumentando en el doble la misma leyenda anónima, publicada anteriormente en hojas sueltas en Vitoria
en 1871' .

Junto a Peña Tremaya existió hace muchos años un castillo situado en una montaña alta y escarpada. Allí habitaba el conde D. Munio, esforzado,
poderoso y valiente en las batallas. Estaba situado el castillo muy cerca de los Redondos, formado entonces por tres pequeños pueblecitos: S. Juan y Sta.
María y otro ya despoblado. Toda la merindad de La Pernía se veía desde allí: Lores, Casavegas, Areños, Camasobres, San Salvador, Lebanza, El Campo, Santiago, Polentinos, Vañes, Villanueva, Carracedo (ya despoblado) y también toda la Castillería: S. Felices, Celada, Roblecedo, Herreruela, Estalaya y Verdeña.

Era la primera mitad del siglo XI, en tiempos de Sancho El Mayor de Navarra y Fernando I de Castilla. La leyenda sitúa entonces como conde de
Pernía a D. Munio Gómez a quien llaniaron D. Bustio, hijo de Gómez Díaz, conde de Saldaña. Su madre era Mumadona, hija del conde Fernán González. Aunque nuestro conde era ya mayor, quedó prendado de una gentil doncella, hija de Favila Fernández y Dña. Adosinda. La joven había nacido en el año 1000 y se casaron en 1020. El conde podría tener ya 60 años y ella, Elvira Favila, tenía sólo 20.

Su vida discurría en el inexpugnable castillo de donde el conde descendía a cazar, ejercitarse en las armas y participar en las luchas de entonces.
Era un hombre valiente y respetado. El matrimonio no tenía hijos. En un momento dado, diversas intrigas despiertan los celos del conde,
quizás por la diferencia de edad, quizá por sus largas ausencias y, absolutamente obcecado, trama venganza contra Dña. Elvira.

En una terrible noche de tormenta, echa del castillo a su mujer. Dispone para el viaje una mula coja, ciega, vieja y falsa y manda que la acompañe
una criada sordomuda. Todo ello lo hace con el secreto afán de que mueran las dos despeñadas entre las rocas de la difícil bajada.

Sin embargo, no es así. La Providencia guía a las mujeres por el peligroso sendero y, encomendándose a Dios y a la Virgen, logran descender al
valle y llegan a un pequeño pueblecito. Es una verdadera proeza. Pero, aún es más, al atravesar el pequeño puente a la entrada del pueblo, se produce un
milagro. La criada sordomuda empieza a gritar y a cantar en agradecimiento y alabanza a Dios que las ha guiado hasta allí. Todos quedan admirados por el
prodigio. El pueblo, que se llamaba S. Salvador de Tremaya, cambia entonces su nombre por el de San Salvador de Cantamuda y corre la noticia del milagro por todo el valle.

Mientras tanto, el conde, dominado por los remordimientos, intenta suicidarse. A1 fin se entera del milagro, pide perdón a Dios y se reconcilia a
continuación con su esposa.

Don Rodrigo Gustioz, magnate palentino del siglo XII
Finalmente, en acción de gracias por lo sucedido, construye una iglesia dedicada a la Virgen Inmaculada en una antigua Abadía situada a media legua
de Lebanza, también llamada, desde entonces, Sta. María de Alabanza.

La condesa, por su parte, dedica otra iglesia a S. Salvador, con triple ábside, mirando a Peña Tremaya. Se trata de la actual iglesia románica de S. Salvador, verdadera joya en su estilo, que ahora es iglesia parroquial y está situada cerca del puente donde cantó la criada sordomuda. La leyenda añade que en esta iglesia está enterrada Dña. Elvira.

Valor de la leyenda
El relato, como otros muchos textos legendarios, participa de la fantasía e ingenuidad propias del género. Para contrastar su valor, nos fijaremos
únicamente en dos aspectos: el histórico y el toponímico.

En cuanto al primero, la leyenda recoge un personaje histórico: el conde de Pernía, por entonces D. Munio Gómez, nombre que la misma leyenda
troca en D. Bustio. Parece ser que este personaje era hijo de Gómez Díaz, conde de Saldaña y estaba casado con Elvira Fáfilaz. Corrían los años 1020 y
el conde murió sin descendencia, según autores².

En todo caso la identificación que el autor de la leyenda hace con D. Bustio es gratuita, y más si hemos de aceptar que se trata de D. Gustio, el
padre del Rodrigo Gustioz del capitel.

En cuanto al otro aspecto, la toponimia, que tanto apreciara Barrio y Mier como puede verse por la gran cantidad de nombres de lugar que incluyó
en el romance, no deja de demostrarnos, a través de un estudio etimológico, otros orígenes para los nombres de estos lugares, bien distintos de los legendarios.

Veamos, por ejemplo, Cantamuda que todavía se pronuncia Cantamuga por algunas personas de la zona.
En privilegio rodado de Alfonso X de la catedral de Palencia (Año 1256) aparece: "monasterium sancti Saluatoris de Campo de Muga..." En el
Becerro de los Beneficios de la misma catedral (1345) aparece ya Muda refiriéndose a la localidad de Mudá, entonces dentro del arciprestazgo de Ordejón. EI nombre Muda aparece también en San Cebrián de Mudá, Arroyo Mudá, y en la toponimia menor de nuestra provincia encontramos Las Mudas en Frechilla y Guaza (Tierra de Campos) y también en terreno de Lebanza. Hubschmid habla de la extensión del término muga en las lenguas romances hispánicas y en el vasco³.

La palabra muda es de origen prerromano y aparece en la toponimia para nombrar lugares que han sido frontera o límites, o también la misma piedra
que hace de mojón divisorio.

Encontramos en euskera los términos muga ' límite', mugalde ' frontera', mugarri 'mojón de límite', etc. Nosotros interpretamos la palabra prerromana
mutave a través del euskera como mugape ' debajo de la peña mojón' . Efectivamente su origen está en la palabra muga. Así, el significado del nombre
de S. Salvador de Catamuda debe ser "El lugar de San Salvador bajo la peña de límites" y en modo alguno lugar donde cantó una legendaria muda.
Licencias legendarias que no tienen que ver con la realidad o la historia. Como ocurre con Lebanza, el otro lugar de la leyenda, situado a 1.200 m.
de altitud y cercano a Cantamuda. Este lugar es célebre por estar en él ubicada la antigua abadía de Santa María de Lebanza, que también la leyenda transforma en Alabanza en este caso.

En el documento fundacional, año 932 (copia hecha en el siglo XII), viene este lugar denominado como Nebantia. La misma denominación se le da
en otro documento de Sto. Toribio de Liébana, del año 941: "dono ad Sancta Maria Nebantie"(4).

Si atendemos al vocablo moderno, Lebanza, obviamente se debe derivar del latín levare ' levantar' . Se trataría de terreno elevado. Pero es forzoso reconocer que los nombres Labancia y Lebancia, usados ya desde el siglo XII, son corrupciones del primitivo nombre Nebantia. Notemos que muy cerca, en Liébana, está el arroyo Nevandi, que baja de Áliva, en Espinama. Y, tanto Nevandi como Nebantia son palabras ibéricas compuestas. Nevandi es nava-andi 'campera grande' . Bien verificado en este caso, porque este arroyo nace en la gran campera superior de Áliva, aguas vertientes al Deva. A su vez, Nebantia es naba-anka 'campera pequeña'. La evolución fue Navanka >Nabanza> Labanza> Lebanza.

El significado de Lebanza es, por lo tanto, 'campera pequeña' y se trata de un nombre del mismo origen que el anterior Cantamuda(5) donde se
sitúan los hechos narrados por la leyenda.

Como toda leyenda, La Venganza del Condecuenta tradiciones adornadas de sentimientos y saberes populares y apoyadas parcialmente en datos
históricos. Es lo que intentaremos depurar en las siguientes líneas. Nos limitaremos en ellas a investigar la existencia en el siglo XII de un magnate denominado Rodrigo Gustioz, identificado con aquel conde que habría vivido en la región norteña de la actual provincia de Palencia, y que habría contribuido a la construcción de la abadía de Lebanza, levantada por los años 1180 y derruida más tarde, en el siglo XVIII.

Noticias documentales sobre Rodrigo Gustioz
l".- Alfonso VIII de Castilla le hace donación, el 26 agosto de 1176,de varias heredades por haberle él heredado un caballo  con ocasión  de la tomadel castillo de Leguín, en la gerra entre Castilla y Navarra. Estas heredades son: el lugar de Cerezo con todos sus términos y cuanto
el rey poseía en el lugar de San Cebrián de Mudá, todas ellas situadas en el norte de Palencia. Notemos los términos del monarca: "vobis Roderico Gustieç
et filiis vestris et omni successioni vestrae". No se antepone al nombre propio el título de comiti por lo cual deducimos que Rodrigo no gozaba de ese
título, de estar a una regla general del siglo XII(6).

No gozaba del título de conde por concesión regia, pero era con todo derecho un miles, un caballero, un hidalgo, que podía regalar al rey buenos
caballos para la guerra. El diploma regio lleva la confirmación habitual de varios obispos y magnates.2°. - La inscripción de un capitel de Lebanza
Hemos hecho ya alusión al edificio monumental de la abadía de Lebanza, construido factura románica hoy depositados en un museo norteamericano y estudiados y descritos con maestría por M.A. García Guinea. El primero representa a Cristo Majestad, entre los símbolos de los Evangelistas, de frente, y a los lados a cuatro apósto]es, con la inscripción siguiente en la franja superior: PETRUS CARO PRIOR FECIT ISTA ECLESIA ET DOMUS ET CLAUSTRA ET OMNIA (...) ERA MCCXXIII. Que podemos traducir: "Hizo esta iglesia, y la casa y el claustro, y todo (...) el prior Pedro Caro el año 1185". El otro capitel representa a las tres Marías ante el sepulcro del Señor, de frente, y a los lados al enterrador y a una de las tres Marías. La inscripción
en la franja superior reza así: ISTO : ARCO: FECI : RODERICUS : GUSTIUD : VIR : VALDE BONUS :(M)ILITE : ORATE PRO ILO. La palabra
latina feci (hice) aquí debe equivaler a fecit (hizo) y así traducimos: "Hizo este arco Rodrigo Gustioz, varón muy bueno, caballero o mílite. Orad por él'".

De estas expresiones deducimos que Rodrigo no fue el albañil o arquitecto que realizó la obra, sino el patrocinador de la misma, el que sufragó sus
gastos. Y no vemos contradicción con la inscripción anterior, porque está claro que el prior, don Padro Caro, fue el responsable y el promotor de toda la obra en su conjunto: iglesia, casa, claustro, etc., y don Rodrigo fue el patrocinador de esta parte de la obra, del arco central, o quizás de toda la capilla mayor. El haberse conservado sólo estos dos capiteles puede indicar que se trataba de lo mejor de la iglesia y, ciertamente, son dos capiteles de mucho valor.

Si pues don Rodrigo fue insigne bienhechor de este monasterio y de esta iglesia, podemos deducir de este hecho que en la misma eligiese el lugar
de su sepultura y aun el de toda su familia? Así lo han pensado algunos autores, aunque no contemos al efecto con pruebas apodícticas. Rafael Navarro
escribe a este propósito: "Este antiguo e insigne monasterio, uno de los más brillantes de la historia de Castilla, fue reconstruido en 1185 por el conde
Rodrigo Gustios que allí se hizo sepultar con la condesa su mujer y uno de sus hijos". Notemo que este monasterio, benedictino en el fondo, como podemos suponer, al menos desde 1181 no gozó de independencia completa, porque en ese año lo donó Alfonso VIII al obispo de Palencia, ni podemos por ende pen- sar que fuese propiedad familiar de esta noble familia de los Gustios, aunque ellos fuesen sus principales bienhechores

3". Presencia de don Rodrigo como confirmante, en dos documentos importantes, en 1183 y 1184.
El archivo del monasterio de Sahagún nos ofrece al efecto un pergamino original, con fecha 7 septiembre 1183, en el que Pedro González, hijo de
Gonzalo Rodríguez, hace una sustanciosa donación a este monasterio de heredades situadas en esta zona palentina, a juzgar por varios datos del mismo. La
importancia de este documento se desprende del aparato de datos históricos que se ofrecen y de la calidad de los confirmantes. En la segunda columna está
Rodericus Gustiz, pero antes se ha constatado que "el conde Fernando Núñez de Lara es teniente en Aguilar (de Campoo) y Villaescusa y que Alvaro Rodríguez lo es en Cervera (de Pisuerga) y en Piedras Negras"(10).

El segundo documento en que está don Rodrigo como confirmante se contiene en el Libro de Privilegios de la Orden de San Juan de Jerusalén, con
fecha Reinoso, enero o febrero de 1184. Se hace constar que el conde Fernando Núñez de Lara es teniente en Amaya y en Asturias de Santillana, y que Pedro Fernández de Castro lo es en Castrojeriz, en Taredo y en Dueñas, y en tre los primeros confirmantes se halla Rodericus Gustioz".

Ascendencia de Don Rodrigo
Sobre la ascendencia de don Rodrigo no tenemos nada seguro, sin embargo, dado que el nombre Gustitus y el apellido Gustioz son muy raros en
Castilla, en la segunda mitad del siglo XII, es probable (15 %) que nuestro Rodrigo descienda del documentado Gustius Iñiguez, casado con una muy
noble señora, María Téllez, hija del magnate saldañés Tello Fernández, cabeza de los Girón. A su vez este don Tello debió ser hijo de Fernando Téllez,
que era "príncipe de la milicia toledana" en el año 1107 (12).

Esta doña María Téllez aparece con su marido Gustio Iñiguez en una donación que se conserva en el archivo de El Moral (Palencia). Donan ellos su
heredad en Villarmentero (Valoria la Buena, Valladolid) a Pedro Rey y reciben en cambio un moro cotizado en doce maravedís. Es un documento original,
fechado en el año 1160 (13).

Que esta María Téllez sea hija del magnate Tello Fernández, se confirma con otro documento de San Zoilo de Carrión, por el que Urraca Téllez,
su hermana, menciona a sus sobrinos los Gustios, si bien no está entre ellos Rodrigo Gustios".

El mismo Gustio Iñiguez hace una donación a Sahagún en Boadilla de Rioseco, el año 1164, ya viudo, mencionando a su hijo Ordoño Gustioz, confirmando
la donación el conde Nuño Pérez de Lara. Su probable hijo Rodrigo es aquí silenciado, pero esto no arguye por fuerza que no sea su hijo(15).

Descendencia de Don Rodrigo
Por un documento del monasterio premostratense de Aguilar de Campoo nos consta que Rodrigo tuvo al menos dos hijos llamados Gonzalo y Diego
Rodríguez. Este documento es del año 1198, y dice textualmente: nos filiiRoderici Gustioz de sancto Cipriano. Esta última expresión pudiera indicar que
en esta población de San Cebrián de Mudá tuvo su habitual domicilio don Rodrigo(16).

Por lo que mira a su esposa no estamos nada informados. Pudiéramos sospechar que fuera hija de la familia Cevallos, es decir de aquellos que, desde
el reinado de Alfonso VII, dominaron o tuvieron las tenencias de la Liébana y de Pernía.

Nos hemos referido arriba (Noticias Documentales..., 3a) al documento de Sahagún del año 1183, en que dona Pedro González, y en que confirma
nuestro don Rodrigo y pensamos que se trata de una donación familiar: es decir que en ella concurren muchos miembros de la familia del donante. Se
anota que por ese tiempo lleva la tenencia de Cervera y de Piedras Negras Alvaro Rodríguez, que con mucha probabilidad es de los Cevallos. El donante,
Pedro González, es hijo de Gonzalo Rodríguez, y este debe ser hermano del citado teniente Alvaro Rodríguez, ambos hijos del Rodrigo González de
Cevallos ya citado por el conde Lucanor. Y en conclusión  opinamos que si nuestro don Rodrigo está presente en el acto es porque su mujer pertenece a
esa familia Cevallos.

Notemos que en la tercera y cuarta columnas confirman siete personas con el apellido González, y que pueden ser hermanos del donante. En la cuarta
están tres damas: Elvira, Inés y Sancha. La primera, Elvira González, bien pudiera ser la esposa de nuestro Rodrigo Gustios. De hecho la tradición ha
dado ese nombre a esa misteriosa consorte. Y por otro lado un hijo de Rodrigo, documentado en Aguilar de Campoo, lleva el nombre de Gonzalo, que
pudiera ser el nombre de su abuelo materno, Gonzalo Rodríguez. Nos movemos, como se ve, en un campo de probabilidades, pero es un proceso legítimo.
Nada de extraño que la consorte de Rodrigo Gustios perteneciese a esa familia Cevallos, que dominaba desde el principio del siglo XII en esta zona
de Liébana y de Pernía".

Diversos señoríos en la zona
Ya hemos indicado que la tenencia, o gobierno en nombre del rey, al menos en el curso del siglo XII, correspondía a los Señores de Cevallos, descendientes del conde Gómez de Candespina, muerto en 1110. Por lo que mira a los lugares o villas de la misma zona, baste notar que en 1178 Alfonso VIII donó la villa de Polentinos a su amigo el obispo de Palencia, don Raimundo(18).

Siglo y medio más tarde, hacia el año 1350, nos informa sobre el estado de la cuestión el Becerro de las Behetrías de Castilla:
Sant Cebrián de Mudá: mitad del abad de Aguilar y mitad de Pedro Royz Calderón. Polentinos: del abad de Lebanza.
San Salvador de Cantamuda: del obispo. Lebanza: dos partes de la Abadía y una parte del obispo(19).
Es evidente que estos datos escuetos no se compaginan bien con la opinión corriente de que "el conde" Rodrigo Gustios dominase en la villa de
Polentinos y también en toda esta zona. Sin embargo, no es imposible que el obispo de Palencia le hubiese confiado un gobierno general en sus propios
territorios. De hecho vemos a don Rodrigo Gustios volcando su hacienda para la construcción de la iglesia de Santa María de Lebanza, y denominado "un hombre bueno", beneficioso para la región.

El título dc Condc dc Polentinos
El actual título del Reino de conde de Polentinos se engarza a través de la tradición con este Rodrigo Gustioz quien, como hemos visto, era un rico
hombre, aunque no tenía el título de conde. También hemos visto sus probables descendientes y antepasados. La leyenda los entronca con los señores de
Colmenares, con casa solariega en Polentinos y origen en el lugar de Colmenares, hoy del ayuntamiento de Dehesa de Montejo, en el norte palentino.
Este pequeño lugar (no llega hoy a 50 habitantes) está a 1.130 m. de altitud, en el N de la provincia. El origen del apellido es, por lo tanto, toponí-
mico, como la gran mayoría de apellidos españoles(20).

Se reconocen en este ilustre linaje dos líneas: I. Los Señores de Polentinos, de apellido Colmenares, que fueron también
Señores de Cembrero, Abades laicos de Las Pozas y Señores de Villela y La Rebolleda, localidades cercanas, hoy en la provincia de Burgos. Uno de sus
miembros probó nobleza para su ingreso en la Orden de Calatrava. II. Los Condes de Polentinos, cuyo título fue concedido por Felipe V
en 1716 a D. Sebastián de Colmenares y Vega, nacido enLima (Perú) donde fue Tesorero General de la Santa Cruzada y caballero de Santiago. Ya en
España, el II conde de Polentinos incorporó por casamiento el título de marqués de Olivares (concedido por Carlos II en 1680) que persiste en la familia
junto con otros títulos de nobleza.

El poseedor actual del título es D. Ignacio de Colmenares y Gómez- Acebo, también conde de Las Posadas, residente en Barcelona. Las armas que
usan son: En campo de sínople, nueve ruedas de carro de plata puestas en tres palos de a tres. Bordura de azur con cinco flores de lis de oro(21).

Breves notas sobre el nombre Gustio
Hemos dicho arriba, al hablar de la ascendencia de Rodrigo Gustioz o Gustios, que si hacemos a éste hijo de Gustio Iñiguez es por el hecho de que
este nombre de Gustio se hace muy raro en el siglo XII en toda España, y que sólo hallamos a esta persona en Castilla en la segunda mitad delsiglo XII,
documentada en los años 1160 (El Moral) y 1164 (Sahagún).

La palabra Gustio se deriva del nombre propio Godesteo, usado corrientemente en Asturias, León y Castilla, en los siglos IX y X, algo menos en el
XI, y casi nada ya en el siglo XII y siguientes(22). Es una palabra gótica, usada por consiguiente por los visigodos. Godesteus se compone de dos elementos: Gudes 'Dios', y teus 'siervo', por tanto Godesteo 'siervo de Dios(23).

En el siglo XI vemos ya la variante Godestio y en el XII la de Gustio, o Gustius, con el apellido Gustioz o Gustiud, o bien Gustiz, Gustieç, etc.
Por tanto, dado que en el norte de España y en la segunda mitad del siglo XII sólo hallamos una persona denominada Gustio (Iñiguez), opinamos,
con un 15 % de probabilidad, que Rodrigo Gustioz es hijo suyo.

Conclusión
Resumiendo, podemos establecer las siguientes afirmaciones:

1a.- Nos consta con seguridad que Rodrigo Gustios fue un caballero (un miles) al servicio de Alfonso VIII de Castilla, del cual recibió una buena
donación.

2a.- No gozó del título de conde.

 

(1)Matías Barrio y Mier nació cn Verdciia y fallcció en Madrid cn 1909. Famoso catedrático y
notable político. Estudió Derecho, Filosofía y Letras y Teología. Fue diputado a Cortes por Cervera
de Pisuerga y participó activamente en la política carlista Llegando a ser Delegado en
España de Carlos VII. Fue quien recogió y versificó las leyendas y tradiciones pernianas, añadiendo
nombres y daros de toda clase. EI texto completo de la Leyenda que aquí presentamos
puede verse en GONZALEZ LAMADRID, A "Tradiciones etiológicas palentinas a la luz de la
Biblia" en Publicaciones de institución Tello Téllez, 32 (1971).
felcha(2)SEVILLA, M., Linajes nobiliarios,  Junta de Castilla y León, 1999, p. 248.
(3) HUBSCHMID,  J., "Lenguas Prerromanas no Indoeuropeas" en Enciclopedia Lingüística  Hispánica,
Madrid, 1960, p. 46.
(4)PEREZ DE URBEL, J., Historia del Condado de Castilla,, Madrid, 1945, p. I.106. Cartulario de
Sto. Toriblo de Liébana, Ed. SANCHEZ BELDA, Archivo Histórico Nacional, Madrid, 1948, 46.
(5) Para la toponimia de la provincia dc Palencia pucde verse nuestro: Toponimia Palentin,Palencia,
Gd. Caja España, 1993, 596 pp.
(6) Edición de este diploma: GONZALEZ, J., EI Reino de Cstilla en la época de Altfonso VIII,
Madrid, 1960, 11, p. 437, n. 265. Noticias: lbidem, 1, 802.
(7)Descripción y fotografía de estos dos capiteles: GARCIA GUINEA, M.A., El Arte románico en
Palencia, Palencia, 3a ed. 1983, pp.154-157, y láminas en pp.125-130. Los chapiteles están en
el Fogg Art Museum de Harvard University (EE.UU.).
(8) NAVARRO GARCÍA, R., etc, Catálogo Monumental de la provincia de Palencia, Palencia, 1939,
pp. 111, 187. No conocemos ningún Becerro de Lebanza como cita este autor y que nombra tam
bién el Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Madrid, 5 v, 1972-1987, p.1584, donde
se alude a la fundación de este monasterio cn el año 932.
(9)GONZALEZ J., El Reino de Castilla, II, o.c. p. 645, n° 373.
(10) Colección diplomática del monasterio de Sahagún. Ed. J. A. FERNÁNDEZ FLOREZ. León, 1991,
IV, p. 387, n.1408. Es un pergamino original. EI topónimo Piedras Negras persiste en la actualidad
y desde este lugar se domina buena parte de La Pernía.
#venc11

(11) AYALA, C. dE (compilador), LibrO de Privilegios de la Orden de San Juán de Jerusalén en
 Castilla y León  (siglos XII-XV), Edirorial Complutense, 1995, p. 328, n" 148.
(12)Cf. GONZÁLEZ,  J., E! Reino..., o.c. l, p. 352.
(13)SERRANO, L., Colección diplomática de San Salvador de El Moral, Valladolid, 1906, p. 70,
n° 20.
(14) PEREZ CELADA, J.A., Documentación del monasterio de San Zoilo de Carrión, l, p. 61, n"
37, Palencia, 1986. Cf. GONZALEZ, J., El Reino..., 1, p. 353.
(15) Colección diplomática, IV, p. 309, n° 1.352.
(16) GONZALEZ DE FAUVE, M." E:., La orden premostratense en España: El monasterio de Santa
María de Aguilar de Campoo,  11, Documentos, P. 216, n° 81, Aguilar de Campoo, 1991.
(17)La genealogía auténtica de la Casa Cevallos está aún por estudiar a tondo, y no podemos ahora
entrar en más detalles.
(18) GONZALEZ,  J., EL Reino..., Il, p. 489, n° 298.
(19)  MARTINEZ DIEZ, G., Libro del Becerro de las Behetrías  (de Castilla), León, l,  pp. 558,
566, 567.
(20)Sobre el origen toponímico de los apellido españoles puede verse:   ALVAREZ, GracE dE Jcsús
C., Topónimos  en apellidos hispanos. Garden City. Adelphi University. Ncw York, 1968. 587
pp. EI estudio de GORDALIZA, F. R., Genealogía e Historia del apellido Gordaliza. ( Palencia,
1999, 666 pp.) afirma que más de  80% dc los apellidos hispanos tienen su origcn en topóni-
Mos.
(21) Vid. FERNANDEZ DE BETHENCOURT,  F., Anuario de la nobleza de España. Madrid, 1908-1912.
3 v. Apartado genealogía y estado personal de familias tituladas. Este autor se refiere insistentemente
a la historia genealógica de los condes de Polentinos incluidos en el tomo IV de su obra
Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española. Casa Real y Grandes de España.
Madrid 1887 y stes., de la que conocemos nueve volúmenes (diez en la Biblioteca Nacional),
pero que no incluye a dichos condes de Polentinos.
(22)Nos referimos a la documentación dc la catedral de Oviedo, del monasterio de Sahagún, y del
monasterio de Cardeña.
(23) Cf. DIEZ MELCON, G., Apellidos castellanos y leoneses (siglos, IX XIII), Universidad de Granada
1957, p. 110.

 

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