La Pernía, montana palentina

 Hay referencias escritas de Piedrasluengas desde el 16 de enero de 1302

Casas abiertas en invierno: 4
Numero de habitantes en invierno: 9 personas.
Nombre de la Iglesia: Santa Ana.
Fiestas: Santa Ana el 26 de Julio. La fiesta comienza con una misa, luego convivio familiar con todos los presentes donde se sirve vino, pinchos, galletas, etc. Se alegra la fiesta lanzando cohete
Elevación:1330 mts. N 43º02.231' W004º27.431'

Piedrasluengas contaba con 17 habitantes el año 1991. Altitud: 1.330 m. Es el pueblo situado más al norte de la provincia de Palencia, ya muy cerca del alto del puerto del mismo nombres, desde el que se divisa la Liébana. El significado que algunos naturales dan para Piedrasluengas está formado por dos palabras: piedras, de origen latino petra-ae 'piedra, roca' y luengas, también procedente del latín longus 'vasto, grande'. El significado medieval del 'pedras copiosas o numerosas', lo que responde perfectamente a la realidad del lugar. Así, el significado será: "LUGAR DE ABUNDANTES PIEDRAS".

Tomado de Amostajo - 19/10/2006 12:02 foro localizado en http://boards2.melodysoft.com/app?ID=jluis&msg=1040
Los relatos de Aymar d'Arlot de Saint Saud, conde Saint Saud, son una delicia. Aunque su objetivo son los Picos de Europa, atraviesa varias veces la Montaña Palentina. En este relato he copiado la parte de su viaje, desde Aguilar a Potes por Cervera y Piedrasuengas, y le corto al llegar a la Venta de Pepín.

Julio-Agosto de 1892
"El posadero de los calderos se arroja en nuestros brazos, él y su media naranja, una mujer dura y refractaria, que hace marchar la casa sujetando con mano firme de dueña las banderas heráldicas.
Nos despiden también su bonita sobrina y todo el personal de la fonda.
Se nos comprime en un coche desvencijado, unos arriba y otros bajo, y el vehículo comienza a subir bamboleándose por la carretera de Piedras Luengas. Subimos al galope una loma, descendemos al mismo ritmo por el lado opuesto, y seguimos, siempre al galope, a lo largo de un monótono valle. En derredor, grandes extensiones herbosas en las que ahuman aldeas muy diseminadas.
A veces, las pobres bestias jadeantes tienen unos minutos de respiro a la puerta de una posada, donde aparece una sirvienta destocada. El cochero se apea, va a aplacar su sed, y vuelve con el gaznate bien preparado para reiniciar sus imprecaciones y sus latigazos. Aquéllas suben de tono por instantes. En la parte delantera de la lanza del coche hay un asiento, minúsculo como una seta, que es el refugio del conductor cuando el pescante va lleno. Nuestro hombre, para fustigar mejor su tiro, ocupa este puesto avanzado y desde allí golpea una y otra vez, hasta hacer correr la sangre de las mulas.
Ultima parada en la última venta, regentada por una joven vivaracha, que sale con el cochero una vez que éste ha remojado el gaznate, cierra la puerta con llave y se instala también en el coche.
Dejamos bruscamente los prados para entrar en un breve desfiladero calizo, de soberbio aspecto, en el que el camino se abre paso entre dos espléndidas murallas; al salir aparece el Collado de Piedras Luengas, que franquea a la Cordillera Cantábrica.
Es el día de la fiesta en la aldea de Piedras Luengas. Todo el mundo baila en un prado, al pie del collado, bajo la paternal mirada del cura.
¿Puede un coche español pasar por delante de un baile y no detenerse? Ni hablar.
El coche que nos precede se para. Nuestra diligencia hace lo mismo, de buena o mala gana, ya que todo un enjambre de alegres viajeras se ha incorporado a la fiesta y toma parte en aquel rústico baile, al son de una primitiva orquesta.
Hacemos lo propio, y bailamos también con dos bellas jovencitas de Cervera que han venido charlando con los ingleses (que somos nosotros) desde la salida.
El cochero llama, pero nosotros seguimos bailando jotas o fandangos. Donde fueres, haz lo que vieres.
Pero el coche de la competencia ya se ha ido, y el honor de la Compañía está en juego, así que nuestro cochero toma una resolución heroica: usa el látigo y sale disparado.
Ante este desastre, nuestros ánimos se vienen al suelo. Escapamos a la carrera del cura que nos saluda, de la orquesta que nos convida y de las mozas que nos reclaman, y saltando setos y piedras, con nuestras compañeras de viaje, corremos persiguiendo al coche, tanto más rápido cuanto que ahora va aligerado de nuestro peso Los parapetos, si existiesen, hubieran sido impotentes para conjurar el desastre. Los caballos, casi medio desbocados, saltan al galope por estas rampas sinuosas.

Y bendecimos el momento en que, en la parada de la Venta Pepín, son reemplazados tanto el auriga como sus animales".



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Algunos comentarios.
Extraordinarios los párrafos dedicados a Cervera y a su posada. Del posadero (apellidado Ortega)tiene tal concepto, que en otro relato llama a su posada "la de los calderos de oro" en tono de alabanza. Llama su atención un escudo que existía en esa casa, que yo llegué a conocer, y que desapareció junto con la casa cuando en su lugar construyó otra, nada agraciada, un personaje que muchos recordaréis "El Herrero de Dehesa", y cuya ferretería mantiene su servicial hijo, Claudio.

Otro sería la extraordinaria descripción del baile en una pradera de Piedrasluengas. Cuantas veces le leo, se me saltan las lágrimas, pensando en la singularidad del hecho.

Creo que este viaje se hace alrededor del 25-26 de julio de 1892, ya que el Conde, parte para Picos el 27 desde Potes.

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