La Pernía, montana palentina

Santa María de Redondo




 

Casas abiertas en invierno: 9
Numero de habitantes en invierno: 25
Nombre de la Iglesia: Nuestra Señora de la Asunción
Fiestas: Ntra. Sra. de la Asunción y La Virgen de Viarce que suele hacer el último fin de semana de Mayo (Sábado). Se celebra una novena con Misa.
Alergues: S. Salvador cuenta con varios lugares de hospedaje como Venta Morena, Peña Tremaya (Taba), La Campa, La Casona, etc. Estos lugares son a la vez restaurantes.
Paraje natural: Cueva del Cobre, Peñalabra, Pico Tres Mares, Peñas del Moro, etc.

arribaSANTA MARIA DE REDONDO
Lugar perteneciente también a La Pernía. Contaba con 66 habitantes. (1991).   Situados aquí y en  otros pueblos próximos se desarrollan los romances "La venganza del Conde", "La despoblación de Carracedo" y "Nuestra Señora de Viarce" . Cuenta esta última la historia de un moro cautivo en Redondo que recibió la aparición de la Virgen y le encargó levantarle una ermita en una cueva cercana.  Pero primero habría de ir a Roma a recibir el bautismo. Cumplido el encargo fielmente, de vuelta encontró la imagen de la virgen de Viarce que recibió allí culto durante cinco siglos y después fue trasladada a Redondo. Estas  leyendas las reelaboró  Matías Barrio y Mier en 1908.

El Becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia (1345) nombra ya Redondo como lugar y también como uno de los arciprestazgos de la montaña. El Becerro de las Behetrías (1352) dice Barrio de Santa Maria de Redondo.

Redondo se repite también en palabras compuestas como Camporredondo de Alba, etc. Procede del latín rotundus redondo, y se refiere al Coto Redondo o terreno acotado por el rey.

El significado será, entonces, 'EL LUGAR DE SANTA MARIA, ACOTADO POR EL REY'. (Roberto Gordaliza)

 

 

arribaRomance

de la

Virgen de Viarce

compuesto por

Matías Barrio y Mier


- I -

En término de Redondo,
escondido en la Pernía,
hay un sitio placentero,
cuya belleza cautiva.


Es el valle que en conjunto

de Viarce se denomina,

por más que visto en detalle,

varios nombres se le aplican.

Sus aguas van al Pisuerga,
y junto a él escondida
está
la dehesa del Ponzo,

que por el sur le limita;


Apoyándose en la peña
fuerte,
escarpada y altiva,

que impide al pueblo contemple
del sol la augusta salida.

Alzanse allí a la derecha,
yendo del Barrio de Arriba,
las blancas Peñas del Moro,
cual dos castillos erguidas.

Más allá están las Canales;

luego el Castro de las mismas;
luego está Allende la Cuenca,
y una roca por encima,

Que es la Cascajal del Oso
y después y más arriba
la Verdiana y su Valleja,

donde borregas había.

A continuación, los Quindios,
con la Cuenca, su vecina

y allá en el fondo del Viarce

la Majada está a la vista;


Donde en verano pastaban

centenares de merinas,

que ya van perdiendo mucho

la estimación que tenían.


Por debajo está la cueva

que asimismo denominan

de Viarce, siendo a la vez

fuente de agua cristalina.


Sigue la peña del Aguila,

que a los Cirbunales mira,

llamada así porque en ella
fuertes águilas anidan.

Está luego la Valleja
de la Trapa, y por encima

se ve de Tegéo la Peña

que a las de Viarce domina,


Por el lado de la izquierda,
siguiendo la misma vía,

sin mencionar a Ruviarce

la Lomba es la primerita.

La porción que de este monte,
hacia el vallecito mira,
llamar suelen la Pedrosa

y luego están las Llanillas,


Por las cuales baja el agua
de una humilde fuentecilla,

que en el Milanillo nace,
y del Lobo la apellidan.

Siguen luego las Traviesas;
y si levantas la vista,
en la Sierra de Celada
Castros Colorados miras.


De todo el valle en el medio

entre Allende y las Llanillas,

se ve el sitio de las Eras,

do dicen que un pueblo había;


Pero ha de hacer muchos años,

pues va rastros ni reliquias

no se advierten, ni del mismo

recuerdos hay ni noticias.

El valle es fresco y alegre,
y a visitarle convida
su hermosura y el follaje

que el haya abundante cría.


Vése también esmaltado

de variadas florecillas,

formando el monte y las peñas

agradable perspectiva.

Es agreste y solitario;
y al entrar en él la vista

se complace, al par que el alma
conmovida se extasía.


Retirado está y oculto;

más para pasar la vida,

mejor no puede encontrarlo

el alma contemplativa.

Allí no turban la paz
del que escondido medita,

los ruidos y las pasiones

en que los hombres se agitan.


Allí, lejos del bullicio

de la mundanal orgía,

es fácil vivir en gracia,

para conseguir la dicha.

Éste es, pues, el sito ignoto,
cuya historia peregrina,
invocando antes a Dios
voy a contar en seguida.

- II -

En las mencionadas Eras,
cerca de una calarcita,

por las hayas sombreada,

vése clara fuentecilla,

Que aunque humilde en apariencia,
y cual modesta, escondida,

una vez fue visitada
por Nuestra Madre María;

Caso que se realizó
hace muchísimos días,
pero en tales circunstancias
que las gentes no lo olvidan.

El papa Juan XXII
la Iglesia de Dios regía
y Alonso Onceno reinaba

en el trono de Castilla.

Con esto queda indicado
de una manera precisa,
que el primer tercio del siglo
decimocuarto corría.

Era una bella mañana
de un hermosísimo día
a la conclusión de mayo,
mes dedicado a María.

El cielo su azul ostenta
sin sombras ni nubecillas,

y radiante el sol alumbra

sin molestar todavía.

Cubierto de verde alfombra,
llena de mil florecillas,
aquel risueño paisaje
presenta una hermosa vista;

Y el ambiente embalsamado
deja aspirar con delicia

los aromas que se exhalan

de las hierbas odoríficas.

Tranquilo está todo el Viarce,
mecido por suave brisa,
sin que se oiga ni aún el paso
de la corza fugitiva.

Solo turban el silencio
de aquel magnífico día

el arroyo que murmura

y las tiernas avecillas,

Que cantan amor y quejas
entre el follaje escondidas;

siendo los siete colores

los que el concierto armonizan.

Algunas vacas se ven
por monte y valle esparcidas,

buscando la verde hierba

con muy notable codicia.

Y es que durante el invierno
en el establo metidas
se han visto y por eso ahora
con ansia libres respiran.

Un hombre joven aún
hacia las Eras camina;

su traje es raro y a fe

que en el país no se estila;

Su cara se ve tostada
por el sol del mediodía;

barba oscura, ojos muy negros,

postura fiera y altiva.

No hay duda, es un musulmán
nacido allá en las campiñas
del andaluz cuando menos,

o quizá en la Berbería.

¿Que hará en tierra de cristianos
entre gentes enemigas,
aquel hijo del Islam

que por el valle camina?

Es que ha quedado cautivo
después de sangrienta lidia,
en la cual logró rendirle
cierto noble de Pernía.

Es que por esta razón
aquellas vacas que mira,

de guardar está encargado

contra las fieras dañinas.

¡Pobre moro! triste a veces
llora al ver pasar su vida
tantas leguas apartado
de la hermosa Andalucía.

Su nombre ignoro y con él
su clase, hacienda y familia,
pero sé que un corazón
noble y honrado tenía;

Que también entre los moros
aunque de la ley divina

alejados viven,
hay
gentes puras y sencillas.

Iba, pues, el buen muslim
caminando muy aprisa,

cuando oyó mugir un toro,

y fue a darle para arriba;

Pues como lejos estaba
de las vacas y novillas,
para que no se perdiese
carearle convenía.

Y al paso fue a beber agua
en la clara fuentecilla,

sin sospechar el prodigio

que muy pronto se obraría.

— III —

Junto a la fuente llegó el moro
cuando ¡ola delicia!
se le aparece de pronto
la siempre Virgen María.

Cercada de resplandores,
aunque en actitud sencilla,

y vagando por sus labios

dulce maternal sonrisa.

Imposible es describir
tanta belleza reunida
ni expresar cómo en sus ojos
la bondad resplandecía.

Asombrado quedó el moro
al ver lo que le ocurría;
quiso andar sin conseguirlo;

quiso hablar y enmudecía.

Transportado, el Paraíso
parecióle que veía,

a los pies de la sultana

de las huris prometidas,

Por el falsario Mahoma
en su religión mentida,
a los que siendo muslines,
buenos creyentes morían.

Pero no, que la pureza
resplandeciente en María,

y el aire aquel sobrehumano
que en ella el moro advertía,

Le dieron a conocer
a la Madre bendecida,
a quien sus piadosos amos
invocaban cada día;

Por lo cual cayó de hinojos,
con el alma conmovida,
ante la excelsa Señora,
que así se le aparecía.

En esto ve que la Virgen
con voz del cielo venida

y señalando unas peñas

que allí cerca se veían:

¡Oye! le dice, si tienes sed
cual parece, a extinguirla
vete,
y apágala al punto

en aquella fuentecilla.

Que hay en la peña más baja
de las dos que al frente miras,

en el fondo de una cueva

silenciosa y escondida.

Vuelve después a la casa
de tus amos, y en seguida

marcha a Roma, porque intento
que allí el bautismo recibas;

Y que luego que regreses,
aquí en estas cercanías

me tributes honra y culto

con otros en compañía;

Pues así quiero premiarte
por tus costumbres sencillas,
y así quiero honrar también
a esta tierra de Pernía.

Esto dijo y disipose
aquella visión divina

dejando aturdido al moro,

que allí se está de rodillas,

Sin acertar a alejarse
de la humilde fuentecilla,

que de entonces hasta hoy

de la Virgen se apellida;

Así como al propio tiempo
del moro se denominan
aquellas famosas peñas

que le señaló María.

Poco a poco se calmó;
y al meditar en seguida

sobre lo que antes oyera,

su fe en Mahoma vacila,

Y la luz de la verdad,
de que hasta entonces huía,

siente que en su alma penetra,
no muy clara todavía;

Comenzando a comprender,
cual sus amos le decían,

que el Korán y sus sentencias

son una pura falsía,

Y que sólo existe un Dios
con tres personas distintas,

que creó el cielo y la tierra,

sin más que decir un Fiat;

Y el cual, siendo Omnipotente
y su bondad infinita,
por redimir a los hombres
encarnó y perdió la vida.

Éste es aquel mismo
que a los cristianos anima
con santo fuego y les hace
que triunfen de la morisma;

Para lanzarla del suelo
de aquesta España querida,

que en ocho siglos ganó

lo que perdiera en un día.

— IV —

Obediente el pobre moro
a la Peña se encamina
donde le dijo la Virgen

que estaba la fuentecilla.

Llega allá y algún trabajo
en la cueva reducida

le cuesta entrar, mas consigue
ver cosa jamás oída.

Era una fuente al revés
de las demás conocidas,

pues ésta mana hacia abajo,

cual las otras hacia arriba.

En una concavidad
en que la cueva termina,
precisamente en el centro
de la Vinajera chica;

Gota a gota va cayendo
agua pura en una pila

que la recibe y no deja

que a buscar vaya salida.

Y lo más particular
es que llena la pocita,

nunca se vierte una gota

ni merma con las sequías.

Y aunque mucha agua se saque,
vuelve a llenarse en seguida;

y aunque no se saque nada,
siempre la poza es la misma.

Con ansia bebió allí el moro;
y ya más fortalecida

sintió su naciente fe

en nuestra santa doctrina.

Porque aquella humilde fuente
tiene virtudes divinas,
y a él le curó el mal del alma,
como a otros el cuerpo alivia.

Y por eso, allí van muchos
hasta en nuestros propios días
a buscar agua, que llevan
cual remedio a sus familias;

Viéndose de ello en la roca
de la cueva señal fija,
pues gastado por el uso,
está el sitio do se pisa.

Luego que apagó la sed
el buen moro se encamina

a la casa de sus amos,
que allí en Redondo vivían.

Les cuenta lo que ha pasado
y licencia solicita
para marchar hasta Roma,

obteniéndola cumplida.

Echase a andar al momento,
y sufriendo mil fatigas,
recorrió muchas comarcas,
animado de fe viva.

Se pasó por Aviñon
donde el papa residía,
contándole lo ocurrido
en una corta entrevista;

Y en virtud de todo ello
Juan XXII determina

que prosiga su camino
hasta la ciudad bendita.

Hízolo así; y cuando llega,
resuélvase a que en seguida
un prudente religioso
de catequista le sirva.

Escogió, pues, a Fray Alvaro
fervoroso minorita.
de la religión seráfica,
cien años antes nacida;

El cual, después de instruirle
en las verdades divinas,
por orden del Santo Padre
con gran amor le bautiza.

Recibió el nombre de Juan,
y recordando en seguida
que entre peñas escarpadas
se le apareció María,

Dió al olvido el abolengo
de su morisca familia,
y desde aquel mismo instante
de la Peña se apellida.

Vuelve a Redondo en el acto,
por inspiración divina,
fuése otra vez a la cueva

de la rara fuentecita;

Y buscando en ella ansioso
una imagen de María
encontró que en aquel sitio
había
quedado escondida,

Seiscientos años atrás,
cuando en confusión huían,
los cristianos temerosos
de las huestes berberiscas;

Cuya imagen venerando,
de la antigüedad reliquia,
es la misma que nosotros
contemplamos hoy en día.

Con hallazgo tan precioso
el buen moro se reanima,

y allí cerca de la cueva

un monasterio edifica;

Apartándose muy poco
del casco del Barrio Arriba,
junto al cual, diz que al principio
edificarle quería.

Le llamó del Corpus Christi,
por que en ese mismo día

se verificó el milagro

que le colmara de dicha.

Mirando estaba hacia el norte,
y la vista descubría
desde el Pando a Peña Labra,

del Bismo a Costanilla.

Y la Barga de Entre-Oteros
asimismo se veía

con Henares y los Corros,

Pedregales, Peña-Albilla;

Y las Agujas, el Canto,
Entrepeñas, Marmullía,

Troncos, Rivero Pintado

y la Meadoria allá arriba;

Y el puerto de Piedras Luengas
y la Grajera y su vía,
con el Portillo del Asno,
Hoyas, Tejuela Y Branillas.

También los Picos de Europa,
cuyas escarpadas cimas

ocultan el sitio egregio
do Covadonga se anida;

Separándola a la vez
de la modesta provincia

que en sí encierra a Casagadia,

tumba de la infiel morisma.

Del pico de tres vertientes
vénse las rocas erguidas;
muchos montes, muchas peñas,
y valles y praderías.

— V —

El convento entró a ser parte
de la religión francisca

y estaba muy bien dotado

de portentosas reliquias.

En él vivió santamente
Juan de la Peña sus días

y hasta que murió de viejo
con la conciencia tranquila.

Otros frailes le suceden,
que con fervor se dedican

a predicar en los pueblos

la verdadera doctrina;

Mientras tanto que en el Corpus
la siempre Virgen María,

con la advocación de Viarce
tierno culto recibía;

Y ella, pagando amorosa
la devoción que veía,
obraba muchos milagros
y frecuentes maravillas.

Un hombre, que, haciendo hoja
hallábase en las Llanillas,
se cayó del roble abajo,
pero le salvó María.

Otros muchos, igualmente,
a ella debieron la vida,
mas por brevedad omito
el dar de todos noticia.

De este modo aquel convento,
medio oculto en la Pernía,
gran prestigio conservaba
en todas las cercanías.

Tranquilos en él los Padres,
dulces pasaban los días,

alejados de los hombres,
libres de odios y rencillas.

Y aunque al entrar en el Corpus
cuando de lejos venían,

al ver aquel valle agreste,
gran sentimiento tenían;

En cambio pronto, muy pronto,
cariño al sito cogían
y con ardor deseaban
en él acabar la vida.

No obstante las muchas nieves,
que en el invierno caían
y a pesar de otros rigores,
que son efecto del clima.

Y por eso dice el vulgo
que aunque rabiando venían
lloraban y de muy veras
cuando a otra. parte se iban.

Uno de ellos, no sé quién,
se despeñó cierto día

de la Vinajera grande,

do echar la siesta solía;

Por lo cual en aquel sitio
la mano caritativa
de sus compañeros
puso
la cruz que allí se veía.

Mas, fuera de esas desgracias,
naturales en la vida,
por lo demás en el Corpus
reinaba siempre la dicha,

Y el silencio, interrumpido
tan sólo en contados días,
en que a celebrar sus fiestas
grande concurso acudía.

Pero en la moderna edad
vientos fatales corrían

para aquel pobre convento,

tan respetado en Pernía.

Con el siglo diecinueve
comenzaron sus desdichas,
cuando el bárbaro francés
la religión perseguía.

Más sus males aumentaron
desde que en aciago día
alzó su inmunda cabeza

la revolución impía.

Ya del veinte al veintitrés
tuvo fuerte sacudida,

siendo sólo precursora

de lo que detrás vendría.

Más de cien lustros contaba
el monasterio de vida,

cuando el año treinta y cinco
de ese siglo de porfías,

Que con fatuidad sus hijos
de las luces denominan,
fueron por medios violentos
en España suprimidas,

Las órdenes religiosas,
que mal ninguno hacían,
alcanzando al Corpus Christi
tan arbitraria medida.

Los frailes le abandonaron,
aunque mucho lo sentían,
y allí en San Juan de Redondo
poco después fallecía

El Padre Tomás Cardín,
último fiel Minorita,

que de la Comunidad

tuviera la guardianía;

Y el cual no quiso alejarse
de aquella celda querida,
donde tranquilo y feliz
pasó sus mejores días.

De este modo en el convento
quedó la voz extinguida
de los santos Religiosos

que alababan a María.

Y desde entonces hasta hoy
la soledad y la ruina
son dueñas de aquellos sitos

do reinaba antes la dicha.

 

— VI —

Poco tiempo ha transcurrido
desde aquel infausto día
en que el convento del Corpus
para siempre enmudecía.

Llega el alío treinta y seis;
y cuando enero veía
su tercer sol,
algo grave
se notaba en la Pernía;

Y era que dado el permiso
por su Señoría Ilustrísima,
del convento abandonado

a sacar la Virgen iban;

Pues como ya en su recinto
persona alguna vivía,
dentro del pueblo la imagen

con más decoro estaría.

Por eso incesantemente.
de todas las cercanías
mucha gente va acudiendo

hacia Redondo de Arriba;

Y hombres, niños, sacerdotes
y mujeres compungidas
van llegando, aunque con fuerza
nevaba desde la víspera;

 

Que también sin duda el tiempo
asociarse pretendía
al luto y consternación,

que en los semblantes veía.

A eso de media mañana,
se despeja y en seguida

toda aquella multitud

al convento se encamina,

Ansiosa de acompañar
a la Virgen bendecida

en la peregrinación
que hacia Redondo emprendía.

Suben allá y al momento
la procesión se organiza,
sacando la santa imagen
ya después del mediodía.

Luego vuelve muy despacio
al pueblo la comitiva,
mostrando los fieles todos
el gran dolor que sentían.

Muchas mujeres lloraban,
al ver que en aciago día
abandonaba aquel sitio
la Inmaculada María;

Después de quinientos años
en que allí las gentes iban
a implorar humildemente
su protección de rodillas.

Llegan al fin a Redondo
y en la parroquia de Arriba
aquella preciosa imagen
cuidadosos depositan;

Y allí sigue recibiendo
honor y culto a porfía

Nuestra Señora del Viarce,
protectora de Pernía;

Que es abogada especial
contra el tiempo de sequía,

pues Dios por sus ruegos hace
que caigan lluvias benignas.

Su festividad celebran
de febrero a los dos días

los hijos de ambos Redondos
que en su Patrona confían;

Recordando entre otras cosas
que por favor de María
no subieron los franceses
de Trabadillas arriba;

Y que por el mismo tiempo
mostró la Virgen bendita
que desde allí para abajo
tampoco pasar quería.

Además todos los años
en mayo se la dedica

por el valle una novena

que es bastante concurrida;

Aunque ya no tan solemne
como las que antes se hacían
cuando el convento del Corpus
habitado se veía.

Mientras tanto el monasterio
sólo y privado de vida,
¡Prontamente ha envejecido
en muy poquísimos días.

Destinose a campo santo
al principio su capilla,

que era moderna y no grande,
pero aseada y bonita;

Más después la destrucción
sentó allí su mano impía,
y ya no ha quedado en pie
ni aún el altar de María.

El retablo principal
que en el convento existía,

al pueblo fue trasladado

y en él está todavía;

Viéndose ya únicamente
donde los frailes vivían,
muerte, tristeza, abandono,
escombros y sabandijas.

* * * * *

Tal es hoy la situación
a que se halla reducida

aquella observante casa,

donde imperaba María,

Y así en este tiempo infame
todo lo bueno se olvida,
relegándose al desprecio
las cosas de más valía.

Dios querrá en sus altos fines
probar con nuestras desdichas
nuestra fe, para otorgarnos
mayor recompensa un día;

Permitiendo, al fin, piadoso
con su bondad infinita

que un santuario se levante

del convento entre las ruinas;

Para que a él traslademos
pronto la imagen bendita
de la Virgen que allá en Viarce
al muslín habló benigna.

Quiera Dios que así suceda
y mientras feliz el día

de verlo a nosotros viene

no olvidemos a María;

Que es Madre de pecadores
y a la salvación nos guía,
intercediendo con Dios
para templar su justicia.


arribaSalve a la Virgen de Viarce que cantaban las mozas de Redondo

A este recinto sagrado
llegan, Señora, tus hijas,
que protección te demandan
con humildad y fe viva.

Míralas arrodilladas
ante tus plantas divinas,
tu dulce nombre invocando,
Sacratísima María,

Oye sus ruegos, piadosa
Virgen Pura y sin mancilla,
que para Madre del Verbo
fuiste por Dios escogida;

Y pues tú sola alcanzaste
merecer tan alta dicha,
no dudan con tu favor
lograr de Dios cuanto pidan.

¡Dios te salve, Virgen Santa,
Sálvete Dios, dulce hija,
Madre y Esposa a la vez
de la Majestad divina!

Reina de ángeles y arcángeles,
Profetas y Evangelistas,
Querubines, Serafines,
Santos y Santas benditas;

De misericordia llena,
eres Tú, dulzura y vida
de toda la cristiandad,
que esperando en ti confía.

A ti clamamos, Señora
Virgen del Viarce bendita,
nosotros los desterrados
de este valle de desdichas;

A ti que quisiste honrar
al condado de Pernía,
apareciéndose a un moro
aquí en estas cercanías;

 

Y que en ellas nos pusiste,
entre peñas escondida,
una fuente milagrosa,
que a los enfermos alivia.

Por ti todos suspiramos
con verdadera agonía,
gimiendo y llorando ansiosos
hasta que se cumpla el día.

De verte en los altos cielos
llena de gozo y delicias,
cerca del eterno Padre
y por ángeles servida.

¡Ea, pues, dulce Señora!
Virgen Sagrada María,
que en el convento del Corpus
tierno culto recibías;

Cuando los santos varones
de la religión Francisca
predicaban a estos pueblos
del Salvador la doctrina;

Tú que eres nuestra Abogada
contra toda tiranía,
vuelve misericordiosa
hacia tus siervos la vista.

Y después de este destierro,
donde pasamos la vida,
muéstranos el fruto santo
de tus entrañas benditas;

Es decir, el buen Jesús
que murió allá en Palestina
en una cruz por salvarnos
de nuestra eterna desdicha.

 

¡Oh muy piadosa y clemente!
¡Oh siempre Virgen María!
Santa Madre de Dios vivo,
acuérdate de tus hijas;

Y haznos dignas de alcanzar
las promesas del Mesías,
perdonándonos las faltas
contra tu amor cometidas.

* * * * * *

Nuestra Señora del Viarce,
atended por Dios benigna
nuestra oración y libradnos
de la peste y la sequía.

Libradnos también, Señora,
de pecar en nuestros días
para poder después de ellos
vernos en tu compañía.

Mira, Virgen, que al nombrarte
recibe el alma alegría,
por la esperanza que tiene
de gozar la eterna dicha.

Ponnos reloj en el pecho,
que no cese noche y día
de cantar tus alabanzas
y tus bellezas divinas.

Ruégale a tu hijo bendito,
piadosísima María
nos asista con su gracia
y la gloria en la otra vida.

¡Adiós, señora, aquí acaban
nuestras súplicas sencillas,
confiando en tu poder
que hemos de verlas cumplidas

arribaEste fue el panorama que yo ví desde las Peñas del Moro, exactamente asomándome desde la cueva.

 

arriba

PRIMERA PARTE DE LA CRÓNICA de la Provincia dela Purísima Concepción de Nuestra Señora de la Regular observancia de N. S. P. S. Franco. Escrita por el R. P. Fr. Francisco Calderón Custodio.

LIBRO PRIMERO Noticias generales y apologéticas de esta Santa Provincia, desde su
primera planta que comenzó el año de mil doscientos y trece,
con la diversidad de títulos y renombres que ha tenido,
hasta el de mil quinientos y dieciocho,
que fue coronada con el ilustre y
magnifico titulo de
Provincia de la
Purísima
Concepción

CAPÍTULO XXIV

Erección del convento de Nuestra Señora de Viarce, cognominado: Corpus Christi

Entre la mayor aspereza de las Montañas de Liébana, Provincia confinante entre Castilla la vieja y las Asturias, del Obispado de Palencia, está fundado este convento. Su fábrica vino singularmente de la mano poderosa, como lo es su conservación. En ésta se podían gastar muchos períodos, sin ponderación en ninguno; baste decir sólo que su sitio es un risco solitario de los más empinados de España cubierto continuamente de nieve, singularmente en tiempo de invierno; y así los religiosos que lo habitan necesitan ser, en el verano, solícitas hormigas para traer al convento el sustento necesario, pues no hay camino imaginable en el rigor de los fríos.

Su fundación milagrosa fue en el año de 1320. El caso sucedió así. Habiendo ido desde España a Roma un Moro noble, de los que en aquellos tiempos inundaban estos Reinos, con curiosos deseos de ver aquella ciudad Santa, cayó en la dulce red de San Pedro, convirtiéndose a nuestra Santa Fe y detestando la bárbara secta Mahometana. Hizo este fruto y conversión un Ve. Pe. llamado fr. Álvaro, Penitenciario del Sumo Pontífice Juan XXII, quien le bautizó. Le puso por nombre Juan, le instruyó en los misterios católicos, y le confirmó en su verdad. Quedó el dicho Moro tan confuso de haber seguido tan maldita secta, que pidió a su padre espiritual le guiase por aquel camino que viese más conveniente para servir a Dios. El Religioso, movido de inspiración soberana, le ordenó volviese a España, y que edificase una Iglesia en los montes más ásperos de la Montaña de Liébana, y que allí le enseñaría Dios lo que había de hacer. Aceptó Juan el mandato como soberano, se despidió de su Maestro, rico de dones espirituales, que pidió el P. fr. Álvaro a su Santidad, como se dirá luego; con cuyas defensas, se vino Juan al desierto, que no sin alto misterio fue éste su nombre, como retrato del gran Bautista.

Viendo Juan la aspereza de aquellos encumbrados peñascos, quedó tan gozoso que, como soldado valeroso, más esforzado a vista de los peligros, se puso por apellido Peña, y lo conservo toda su vida. Fundó aquí la Iglesia mediante las letras que su gran Pe. Álvaro por autoridad Apostólica le había dado, selladas y autenticas en San Pedro a 12 de Abril del año 1319, que están en su archivo. Colocó en ellas los tesoros celestiales que traía. Dedicó la Iglesia al Santísimo Sacramento del altar; y puso en ella una preciosa y hermosísima Imagen de María Santísima que su gran padre de la fe le había dado, y se titula: NUESTRA SEÑORA DE VIARZE, tomando también los apellidos de estos montes; con que el Convento se llama Nuestra Señora del Corpus Christi de Viarce.

Esta Santísima Imagen es la única y preciosa devoción de todas estas serranías. Los milagros que ha hecho Dios allí por este retrato de su Santísima Madre son muchos y portentosos. Jamás han tratado sus habitantes de autenticar, contentos con la fama y logro de experimentarlos continuos. Mas por que no quede tan desamparada materia tan devota, diré de nuestros tiempos dos maravillas que fueron tenidos como milagros de esta santísima Imagen. La una fue que estando arando en el campo una mujer y un hombre con dos yuntas de bueyes, sobrevino una tempestad de truenos y rayos. La devota mujer se encomendaba con fervor a la Virgen Santísima de Viarce (según testifica en su declaración) y, estando en esta oración, encrespándose la tempestad con más vehemencia, cayó un rayo y mató al hombre y las dos yuntas de bueyes dejando en medio la devota mujer sin lesión alguna; y lo que causó singular admiración fue que la vara que tenía en la mano con que gobernaba los bueyes se abrasó toda y redujo a cenizas; testificando la devota mujer haber visto allí la Santísima Imagen que la libraba del fuego voraz. La otra es que caminando un hombre con un carro de heno por una de estas serranías con un niño hijo suyo de cinco años, se volcó el carro y, cogiendo debajo al tierno infante, le mató, según sentir de los serranos, que estando en sus labores acudieron al fracaso. El devoto padre le encomendó a la Virgen Santísima de Viarce con fe viva, y estando en su oración y voto, volvió en sí el niño y, lo que más admiró, sin lesión ni dolor alguno. Podía hacerse larga historia de semejantes maravillas en este santuario que ha sepultado la flojedad referida.

Volviendo al intento, formó nuestro devoto Juan un precioso relicario, con que colocó una canilla del glorioso mártir San Sebastián, engastada en plata y por caja una bota o borceguí de plata en que se guarda: tiene esta reliquia un agujero pequeño de una de las saetas que arrojaron al Santo. Puso también una pintura en pergamino del grandor del hierro de la lanza con que fue herido el sacratísimo costado de nuestro Redentor. De estas reliquias y otras que con el tiempo han faltado está en el archivo testimonio de Pe. Penitenciario, juntamente con varias indulgencias indultos Apostólicos que su Santidad le concedió para el bien de su alma y los que vinieren a visitar este Santuario. También hay una caja de anteojos, que es constante tradición dejo por olvido en este Convento el glorioso Padre San Bernardino de Siena, cuando pasó a visitar las reliquias de la Santa Cruz del Señor a Santo Toribio de Liébana, en ocasión que volviendo a la villa de Herrara de Pisuerga, profetizó a los Condes de Haro, hoy Condestables de Castilla, habían de tener sucesión de varón en su noble casa, como se dirá en la fundación de aquel Convento.

Habiendo ya nuestro Juan concluido su fábrica, con toda perfección le inspiró Dios lo que faltaba de hacer como su buen Padre de espíritu le había en su nombre prometido, tomando el hábito pobre y áspero de N. S. P. San Francisco, profesando su Apostólica regla y eligiendo para su habitación el profundo cóncavo de un peñasco contiguo al templo, que hasta hoy se llama la peña del Moro; donde sale una fuente destilada de la peña, que como cosa misteriosa admiran los que visitan este Santuario; para imitar nuestro Juan en todo cuanto pudiese, al gran maestro de los desiertos el Bautista. Aquí hizo ásperas penitencias muchos años con otros religiosos grandes Siervos de Dios, que a imitación suya hicieron en él su habitación. No se sabe dónde falleció: la tradición de este convento y país dice volvió a Roma para enriquecer más su Santuario de tesoros espirituales y murió en el camino; teniendo hasta hoy memoria derivada de padres a hijos, fue varón verdaderamente Santo.

La fábrica de este templo es proporcionada, fuerte y devota. En esto próximos tiempos paso al Señor en este Convento el P. fr. Antonio de Quintanilla, con opinión de grandes virtudes y está enterrado en él. Yace en su capilla mayor un caballero llamado Arnao de Velasco, de la casa de los condestables de Castilla y León, tío de los Señores Condes de Siruela y Marqueses de Salinas, que murió en la guerra de Granada en defensa de la fe Católica y se mando enterrar en este convento. Se ve hasta hoy con maravilla su cuerpo entero, en el pecho tiene tres heridas de tres lanzas que le tiraron, el cabello de la barba entero, y lo que mas admira la lengua entera y tratable, efecto sin duda de que sintió bien a Dios en esta santa conquista, con obras y con palabras.

Lo restante del Convento es proporcionado a la habitación de 16 religiosos que se sustentan con las limosnas de los fieles; a quienes asisten con el espiritual pasto de confesiones y predicaciones; bien necesario al desamparo en que están en estos frutos celestiales sus serranías. No tienen mas Patrón que la Divina misericordia entre las grandes personalidades del sitio. Los Señores Condes de Siruela son tan afectos a este pobre Convento desde sus principios, que con justa recompensa se les puede dar título de únicos Patronos y todo su amparo, y así tiene en él sus armas de tiempo inmemorial. Se gobernó antiguamente como vicaría del Convento de Carrión; y se regulaban ambos como un solo convento sujeto a la Custodia de Palencia, hasta que entrando la reforma se separaron, haciéndose este Convento formal.

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ALGUNAS NOTICIAS RELATIVAS A LA SUPRESIÓN DEL CONVENTO FRANCISCANO LLAMADO DEL CORPUS CHRISTI QUE HABÍA EN SANTA MARÍA DE REDONDO (PALENCIA)

arriba

Supresión
: El decreto de supresión fue sancionado por el rey el 25 de octubre de 1820; ha sido aprobado por las Cortes el 1º de octubre de ese año. La supresión en sentido verdadero afectaba a las llamadas Ordenes Monacales (Benedictinos, Premostratenses, Órdenes Militares,...), es decir, a los monjes, en tanto que a las órdenes regulares, mendicantes, y otras (franciscanos, agustinos, mercedarios, etc.), les imponía una reforma que muchas veces era final de ese convento aunque no lo fuera todavía de la Orden entera. Y algo parecido se puede decir de las corporaciones monacales, que algunos de sus asentamientos gozaron de la excepción de permanecer por razón de la importancia del monasterio que regentaban. Algo parecido a lo que ocurrirá cuando supriman a todos los religiosos años más tarde, que algunos centros, como el de Agustinos filipinos de Valladolid, será perdonado para que siga formando jóvenes que marchen a las Islas Filipinas y mantengan en las posesiones de Ultramar lo que no quieren los gobernantes en suelo propio.

Nombre: No era frecuente que un convento o monasterio llevara el nombre de Corpus Christi, Cuerpo del Señor.Abundaban las casas con el nombre del fundador o inspirador de la congregación: San Francisco, San Agustín, Santa Ana, Santa María o Nuestra Señora de..., etc. Hay una Orden que lo usa un poco más, es la de los Hermanos de San Juan de Dios, la cual tenía casa en Úbeda, en Morón, en Utrera, con el nombre de Corpus Christi. Entre los más religiosos, por lo menos en los suprimidos o reformados por la ley arbitraria de 1820, no se encuentra esa denominación. Diremos más, el convento de Santa María de Redondo (Palencia) no recibe ningún nombre en el estudio de Revuelta González, Política religiosa de los liberales en el siglo XIX, (Madrid, 1973) que el libro del que sacamos los datos fundamentales menos conocidos.

Supresión: El convento franciscano de Redondo fue suprimido y sus religiosos enviados a Reinosa; los legisladores del siglo XIX dirían que fue sometido a reforma porque no contaba con más de 12 religiosos, pero la realidad es que quedó deshabitado obligadamente antes de la supresión general de 1835 que afectaba a todos. Otros franciscanos que fueron recluidos en el convento propio de Reinosa fueron los de Herrera de Pisuerga (casa de san Bernardino). Los agustinos del convento de la Ascensión del Señor de Cervera de Pisuerga fueron enviados nada más cerca que a Ponferrada (León); ello quiere decir que por el momento ni la fundación de Reinosa ni la de Ponferrada fueron suprimidas. EL gobierno de la nación se informó en los primeros meses de 1822 sobre si se había llevado a cabo la supresión o reforma ordenadas por las Cortes, y consta que obispos y vicarios religiosos dieron cuenta pormenorizada de lo que había ocurrido en muchas provincias; en nuestro caso no consta expresamente lo ocurrido en Palencia, pero es de creer que se ejecutó lo mandado como en otras partes.

 

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